Archivo de la Pesadumbre. categoría

Arrepentimiento.

Me arrepiento de haber luchado dentro del Sistema, porque el Sistema sólo utiliza a las personas.

Me arrepiento de haber tirado gran parte de mis años de vida en estudios sin sentido, que sólo han servido para obtener un papel donde mirarse con orgullo poco razonable, habiendo dejado de vivir miles de cosas que después no saben igual.

Me arrepiento de haber manejado mi vida como si fuera una máquina para engrasar, sin darme la oportunidad de llegar a ser feliz sin las cosas materiales.

Me arrepiento de haber construido un mundo un poco peor, consecuencia de las injusticias que no he podido evitar, en las que me han obligado a particilar, aunque sea, como era, con el silencio culpable.

Si todavía tienes tiempo, lucha. Yo, en mi oscuridad, intentaré cambiar el mundo para tí y para todos.

El final de la escapada.

Ya llegó el momento, no hay dinero.
Todos pedimos, nadie da.
Espero que alguien quede vivo.

Pequeños engaños.

Me han engañado, por tercera vez esta semana, y estamos a martes.
La gente suele crecerse en la adversidad, pero algunos se crecen hasta abusar de los demás.
El dinero no se puede obtener de los árboles, por lo que conviene no abusar de los pobres como yo.

Los Bancos.

¿Cómo puede un Banco anular un seguro sin el consentimiento de su cliente?
La pregunta, sin respuesta, puede suponer uno de los hitos en el abuso de posición dominante más ecandaloso que existe.
Buscar un poco.

Suicidio.

Cuando uno se siente destrozado, cansado, agotado, la muerte parece algo dulce.
Viendo el trato que nos regalan los demás, lo poco que podemos ser, la eterna felicidad perdida, entonces es cuando uno se plantea si merece la pena acabar.
Es difícil responder que no.

Las hipotecas.

Pasamos nuestra vida luchando por tener un espacio en el que vivir, y ese espacio, tanto físico como espiritual, se vé mermado, casi destruido, por la imposibilidad de mantener una vida adecuada y digna dada la presión de las hipotecas para la mayoría de los mortales.
Como una soga, nos acaba apagando, como la llama de una vela. Treinta, treinta y cinco, cuarenta años pagando una vivienda que, a veces, ni siquiera es digna. Somo esclavos, pero no lo sabemos, nos engañan con los entretenimientos básicos que la gente busca, el futbol, la televisión,…. Nadie se quiere dar cuenta de nuestra esclavitud, pero está ahí, mirándonos a la cara.
Y ahora vienen las unificaciones de créditos, donde la hipoteca se hace eterna. Quizá sea mejor morir que seguir pagando toda la vida, pero eso es una barbaridad, porque, si el hombre no puede seguir viviendo de esa forma, lo que hay que cambiar es el sistema, no al hombre.

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