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- 29. Octubre 2009: Ataque contra los distintos.
- 29. Octubre 2009: Ataque contra los distintos.
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La fe cristiana 5.
26. Noviembre 2009 by admin.
Los gnósticos[1] paganos y cristianos imaginaban que el camino de iniciación trataba de despertar al rey que el iniciado llevaba dentro. En los Misterios paganos, se «entronizaba» al iniciado como rey, formando parte de las ceremonias de iniciación. Los gnósticos paganos de la escuela cínica llamaban «rey» en el «reino de Dios» al iniciado que comprendía. Del mismo modo, los gnósticos cristianos enseñaban que, cuando comprendamos la gnosis, nos convertiremos en reyes «autogobernados» del reino de Dios y «reinaremos sobre Todo”. Imaginaban al iniciado cristiano triunfante coronado con un halo de luz y declarando: “
[2].La historia de la salvación[3] consistirá en la restauración progresiva de la creación espiritual en su estado primitivo. La consumación de las cosas tendrá lugar cuando todo sea sometido al Hijo: «El final, en efecto, es siempre semejante al comienzo. Y así, como el fin de todo es uno, también el comienzo de todos debe ser considerado como uno, y del mismo modo que hay un final que afecta a una multitud, también, a partir de un único comienzo, ha habido numerosas variantes y diversidades, que de nuevo, por la bondad de Dios, por la sumisión a Cristo y por la unidad del Espíritu Santo[4], son llevadas a un fin único semejante al comienzo, quiero decir la variedad de todos los que están en el cielo, en la tierra y en los infiernos. En estas tres categorías, que a partir de un comienzo único han sido dispuestas en órdenes diversos conforme a sus méritos, queda comprendido todo el universo» (i,6,2; cf. i,8,4). Esta restauración abarca la totalidad de las criaturas espirituales. Todas cayeron de su condición primera de espíritus puros y todas deben ser restablecidas en esta condición. La redención concierne por tanto no sólo a los hombres, sino también a los ángeles, los cuerpos celestes y los demonios[5].
Todo esto nos lleva a que el final es el nuevo principio, y siendo en nuevo principio, el avance no existe, el futuro no existe, ni siquiera existe el pasado, es una constante vuelta al mismo concepto de existencia en la que el hombre debe someterse a las mismas reglas que son las originales y que, de hecho, se alejan de la realidad social actual y de la propia moral objetiva de cualquier hombre.
[1] Ver, J. ARIAS, Jesús, ese gran desconocido, Madrid 2007, pág. 151 ss.
[2] T. FREKE y P. GANDY, Jesús y la Diosa Perdida, Barcelona 2006, pág. 33.
[3] Ver, B. RUSSELL, “Lo que creo”, en Por qué no soy cristiano, recopilación de ensayos, Barcelona 2006, pág. 107 ss.
[4] Ver, L. ANTEQUERA, El cristianismo desvelado, Madrid 2007, pág. 383 ss.
[5] J. DANIÉLEU, Mensaje evangélico y cultura helenística. Siglo II y III, pág. 407.
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La fe cristiana 4.
20. Noviembre 2009 by admin.
Negar los parecidos razonables de ciertas historias[1], incluido el Génesis[2] o el diluvio universal[3], es negar que la humanidad tiende a un mismo patrón religiosos cuando va avanzando en la sociabilidad y se van mezclando las ideas, porque las ideas de unos, aunque rechazadas al principio, siempre acabarán en la fe de los otros, porque toda la estructura de la religión, con su ansia de poder absoluto sobre el hombre, no puede permitirse el lujo de perder una herramienta del sistema por que provenga de otro, es mucho más sencillo robar la idea, copiarla, y decir que es sólo suya.
Renunciar así a la riqueza de los pensamientos es contraproducente para
El propio Justino destaca las semejanzas entre ciertos mitos griegos y los misterios de Cristo. En unos y en otros aparecen los nacimientos virginales, las pasiones, las ascensiones. Él lo explica por el hecho de que los misterios de Cristo fueron anunciados por los profetas, a través de los cuales llegaron a conocerlos los griegos[4].
Es un golpe en toda la línea de flotación de la lógica, pues las historias griegas nacieron con anterioridad a las judías, aunque hay que reconocer que ámbas tenían fuentes comunes, pero la judía no era la fuente de la griega, sino que, al contrario, sería más simple advertir las semejanzas viendo como se copia funestamente de la mitología griega y egipcia para conseguir dar forma a un nuevo mito judío, un mito que se lanza, en absoluta tromba, a la construcción de una tradición cristiana basada en los otros pero independiente por extraño designio propio.
De esta forma, al decir que Cristo, Verbo de Dios, nació de Dios por un modo particular de generación, se trata de una denominación que le es común con Hermes, al que los griegos llaman Verbo, mensajero de Dios[5].
[1] Ver, J. BLASCHKE, Las mentiras del cristianismo. Contradicciones y falsedades de
[2] Ver, P. RODRIGUEZ, Mentiras fundamentales de
[3] Ver, M. F. URRESTI, Los pecados de
[4] J. DANIÉLEU, Mensaje evangélico y cultura helenística. Siglo II y III, pág. 85.
[5] JUSTINO, I Apología, xxii,2.
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La fe cristiana 3.
17. Noviembre 2009 by admin.
Si verdaderamente vemos las comparaciones, descubrimos que, en el fondo, el espíritu es el mismo, incluso mejor, porque reconoce que ninguna religión es la única verdadera, que todas sirven para mostrar el camino, con lo que se crea un diálogo perpetuo entre religiones que permite la perfección del hombre.
Ese es el gran problema. La negación del otro, del contrario, del considerado oponente, porque eso es lo que se pretende, evitar que el que piensa diferente pueda conseguir convencer a los demás de que, en el fondo, tiene razón. El temor de las religiones se fundamenta en la inseguridad que sienten sobre su propia verdad, dado que temen que no sea del todo cierta, por eso evitan que otros vayan en otras direcciones, que cojan otros caminos, porque puede que encuentren lo que ellos buscaban. A ese nivel, la fe en Shiva está por encima de muchas otras corrientes, porque admiten directamente la posibilidad de que todas las demás religiones puedan llevar al mismo sitio.
El poder, la sola verdad inamovible, ha matado a mas personas que cualquier enfermedad. Por eso creo que es conveniente dar una nueva vuelta de tuerca a lo que creemos o pensamos, y llegar a una conclusión lógica, la verdad es multidireccional, es un caleidoscopio, y no se puede poseer toda la verdad. Una sola persona no puede tener la verdad del universo en su mente y creerse superior a los demás.
En nuestra cultura, el mejor ejemplo de este tipo de representación es el Antiguo Testamento, que narra situaciones históricas como si se tratara de situaciones concretas de personajes de carne y hueso. Las demás culturas tienen también sus mitos y sus historias sagradas, muchas de las cuales coinciden con la Biblia[1].
No podemos ni debemos olvidar que, en el fondo, la Biblia es la recopilación de historias propias mezcladas con historias ajenas y con mitología de todos los lugares donde los judíos se asentaron, ya voluntariamente, ya obligatoriamente, por haber sido convertidos en esclavos después de perder la guerra.
[1] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 35.
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La fe cristiana.
5. Noviembre 2009 by admin.
A pesar de la utilidad de la filosofía para explicar las cosas, para reforzar las tesis creadas por los propios cristianos, a pesar de ello, se considera que la misma fue robada, y que provine del diablo[1], como si todo aquello que es más complejo que una castaña fuera malo por naturaleza, y el conocimiento no sirviera para nada, o, tal vez, sirviera para demasiado, porque liberaba al hombre de las ataduras de una religión inconsciente y que dejaba perplejo a los más sabios con sus estúpidas reglas.
Ante ese hecho, y teniendo en cuenta que la filosofía era un instrumento esencial de conquista emocional, el fundamento de su mantenimiento no puede ser más radical, el bien no puede brotar del mal, por lo que, si la filosofía es buena para el hombre, ha debido venir del demiurgo que creen que es Dios.
De todas formas, no se le caén los anillos cuando selala que, “En su Providencia, el Señor de todos, griegos y bárbaros, busca el modo de persuadir a los que le quieren. Es él quien da a los griegos la filosofía `por mediación de los ángeles inferiores. Los ángeles, en efecto, están repartidos en virtud de una ordenanza divina antigua según las naciones”[2]. Después, en una inspiración totalmente delirante, concreta que “las invenciones de los hombres eminentes proceden de una inspiración divina; cuando el alma está bien dispuesta, la voluntad divina se comunica a las almas y los servidores de Dios cooperan en parte en estos servicios. En efecto, las presidencias de los ángeles están repartidas según las naciones y las ciudades y hasta puede que algunos de los que están asignados a las cosas particulares estén reservados a determinados individuos”[3].
Esto lo dice sin el menor pudor una persona que ha luchado por destruir las ideas más cercanas al conocimiento filosófico griego dentro de la fe, que son las ideas gnósticas cristianas, que proliferaban en aquellos momentos por doquier. Es una verdadera pesadilla ver como un ser tan poco preparado es capaz de utilizar silogismos y argumentos sin fortaleza intelectual para convecer de lo eterno de un nuevo mensaje, un mensaje que, se dicho de paso, fue copiado de otros muchos más antiguos.
De la religión revelada que contienen los libros sagrados de los Veda en
[1] Cfr., C. DE ALEJANDRÍA, Los Stromata, i,16,80,5.
[2] C. DE ALEJANDRÍA, Los Stromata, vi,2,6,3-4.
[3] C. DE ALEJANDRÍA, Los Stromata, vi,17,157,4-5.
[4] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 33.
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Ataque contra los distintos.
29. Octubre 2009 by admin.
Los propios padres de la iglesia[1], entre los que podemos destacar a Clemente de Alejandría, estaban dispuestos a considerar que “la filosofía, esta cosa tan útil, floreció por tanto en épocas antiguas entre los bárbaros, manifestándose según las razas, y sólo más tarde llegó a los griegos. Los que la presiden son los profetas de Egipto y los caldeos de Asiria y los druidas de la Galia y los filósofos de los celtas y los magos de los persas y gimnosofistas de la India, y aún añadiría otros filósofos bárbaros que formas dos familias, los sármatas y los brahamanes. Entre los indios están también los que obedecen los preceptos de Buda”[2].
Ahora bien, se cuidaban muy mucho de considerar que dichas visiones fueran anteriores a la de los profetas judíos, por lo que rompían el continuo histórico sin ningún pudor. Es una situación absolutamente Kafkiana pero real, porque sólo se utiliza el arma concreta que conviene, pero se niega la contemplación de lo que no encaja, lo que supone que nunca se va a llegar a la verdad, porque la explicación necesita de todos los datos, no sólo de los que son adecuados a nuestras ideas.
En un ejercicio de bastante cinismo, se señala que[3], “si bien es cierto que ha de haber enseñanza, preciso es que haya también un maestro. Cleantes reconoce a Zenón, Teofrasto a Aristóteles y Platón a Sócrates. Pero si me remonto a Pitágoras., a Ferecicles y a Tales y a los primeros sabios, busco incesantemente a su mestro. Y si tú dices que son los egipcios y los indios y los babilonios y los magos, no dejaré de buscar al maestro de éstos. De este modo te hag;o remontarte hasta la creación del hombre. Y entonces empIezo de nuevo a buscar quién es el maestro, y no será un hombre, y no habrán sido todavía instruidos; ni siquiera es un ángel, pues hemas recibido que los ángeles mismos han sido instruidos en la verdad. Sólo nos queda, después de habernos elevado sobre nosotros mismos, desear el maestro de éstos”[4].
[1] Ver, J. DANIÉLEU, Mensaje evangélico y cultura helenística. Siglo II y III, pág. 62 ss.
[2] C. DE ALEJANDRÍA, Los Stromata, i,15,71,3-6.
[3] Ver, J. DANIÉLEU, Mensaje evangélico y cultura helenística. Siglo II y III, pág. 68.
[4] C. DE ALEJANDRÍA, Los Stromata, vi,7,57,2-3.
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La Comunidad del mar Muerto.
16. Octubre 2009 by admin.
El Maestro de Justicia predicó la humildad, la penitencia, la pobreza, la castidad y el amor al prójimo; prescribe, además, la observancia de la Ley, pero una vez perfeccionada. Esta sí que es, al menos en parte, la doctrina cristiana que leemos en los Evangelios[1]. Por otro lado, el Maestro de Justicia no se libró de las persecuciones de los sacerdotes, profetizó la destrucción de Jerusalén a causa de su muerte, se presentó como el Juez Supremo que volvería al final de los tiempos y fundó una Iglesia cuyos seguidores le esperarían siempre, celebrando el ritual de una comida sacralizada, un banquete místico al que acudían con una banda de tela blanca. Ahora sí que habríamos encontrado el principio del cristianismo, si no fuera porque el Maestro de Justicia, fundador de la comunidad de Qumram, murió entre los años 63 y 65 antes de nuestra Era[2].
Sabían que de lo incognoscible no puede salir sino lo desconocido. Sabían que jamás podría el hombre conocer a Dios, y por eso, renunciando a buscar ya por el lado donde toda esperanza estaba vedada, se van derechos al hombre, que es lo único que conocen. Dicen: nos es imposible saber qué es Dios, dónde está, ni qué quiere; pero sabemos que, estando en todas partes y siéndolo todo, se halla necesariamente en el hombre y es el hombre; así que en el hombre y por el hombre sólo podemos descubrir su voluntad. Bajo el símbolo de la encarnación[3] ocultan, pues, la gran verdad de que todas las leyes divinas son humanas; y esta verdad no es sino el reverso de otra verdad igualmente grande, a saber; que en el hombre reside el único Dios que nos sea dado conocer. Dios se manifiesta en la naturaleza; pero jamás nos habló sino por boca del hombre. No busquéis en otra parte, en los espaciosinfmitos e inaccesibles, al Dios que os trae desasosegados e inquietos; dentro de vosotros es donde se oculta; en vuestro interior es donde habéis de descubrirle. Reside en vosotros no menos que en aquellos seres en quienes parece haberse encarnado por manera más señalada. Todo hombre es Krishna, todo hombre es Buda; entre el Dios que éstos encarnan y el que se encarna en vosotros no hay diferencia alguna; sólo que ellos acertaron a encontrarle mejor que vosotros. Imitadles y seréis iguales a ellos; y si no podéis seguirlos, escuchad, al menos, lo que os dicen, pues no pueden deciros sino lo que os diría el Dios que en vosotros reside, si hubiérais atinado a escucharle como ellos lo escucharon[4].
[1] Ver, J. ARIAS, Jesús, ese gran desconocido, Madrid 2007, pág. 36 ss.
[2] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág4. 10.
[3] Ver C. S. LEWIS, Dios en el banquillo, 4ª edición, Madrid 2006, pág. 46 ss.
[4] M. MAETERLINCK, El gran secreto. Inquietudes filosóficas, Barcelona 2006, pág. 51.
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Cristianos no Cristianos VIII. Los terapeutas.
7. Octubre 2009 by admin.
El primer historiador de la Iglesia cristiana vivió en el siglo IV de nuestra Era y se llamó Eusebio de Cesárea. En su Historia eclesiástica (libro 2 capítulo XVII), Eusebio menciona a los terapeutas y narra lo que de ellos escribió en su día un filósofo judío llamado Filón de Alejandría en su obra De la vida contemplativa o Suplicantes. Según Filón, se trataba de una comunidad cuyos varones se llamaban terapeutas y, sus mujeres, terapeutisas, su nombre procedía de su dedicación, que consistía en sanar las almas de los que a ellos acudían. Al sentir la vocación religiosa, los terapeutas se despojaban de todo cuanto de valor tuvieran y lo entregaban a sus parientes o a los necesitados, marchando a vivir en jardines, parajes solitarios o huertos apartados, buscando siempre la soledad, como los eremitas. En sus habitáculos había siempre una pieza llamada oratorio o monasterio, donde llevaban a cabo, a solas, los misterios religiosos de una vida santa. En esa pieza no entraban alimentos ni nada necesario para el cuerpo, sino leyes, revelaciones de los profetas, himnos y todo cuanto fuera preciso para el perfeccionamiento espiritual. Escribían nuevos salmos e himnos a Dios y aprendían de evangelios escritos por santos antiguos fundadores de su secta[1].
Vivían una vida ascética, con grandes ansias de conocimiento, celebrando verdaderos banquetes intelectuales. La mayoría de las mujeres se mantenían vírgenes por decisión voluntaria, no por imposición como las sacerdotisas griegas, y todos vivían despreocupados de placeres temporales. Los terapeutas se habían extendido por todo el mundo porque consideraban que todo el mundo necesitaba su curación, pero donde más abundaban era en Egipto, especialmente en Alejandría. Su comunidad estaba estructurada con cargos eclesiásticos y episcopado, lo cual indujo a Eusebio de Cesárea y también al obispo de Salamina, Epifanio[2], a pensar que se trataba de los primeros cristianos que vivieron en Egipto. Eusebio los tomó por cristianos señalando que se les denomi- naba terapeutas porque aún no se había generado el nombre de cristianos (XVII, 4). Filón de Alejandría dijo de ellos que vivían la expresión más elevada del judaísmo. Otros estudiosos de nuestro tiempo están de acuerdo en que eran pitagóricos. Lo cierto es que tenían su evangelio y sus apóstoles y que la comunidad más importante residía en Alejandría. y Eusebio comenta que quizá los escritos que estudiaban «fueran los evangelios, los escritos de los apóstoles y algunos comentarios de los profetas, como los que se encuentran en la Epístola a los Hebreos y en otras cartas de Pablo» (XVII, 12)[3].
Vestían de blanco, el color sacerdotal judío, rezaban al amanecer y al anochecer, pasando el día en ejercicio espiritual, leyendo escritos santos y buscando el sentido oculto de las palabras, componiendo cánticos a Dios y no salían de la casa durante seis días. Al séptimo día se reunían en asamblea por orden no de edad, sino de antigüedad, y jerarquía. El mayor de ellos pronunciaba un discurso sin adornos retóricos, que los demás escuchaban en silencio. Después, oraban mirando al sol. El séptimo día era para ellos sagrado, se ungían con aceite y se reunían en siete periodos de siete días, pues para ellos no solamente el siete era importante, sino también su cuadrado, porque el siete era el número de la virginidad perpetúa. Utilizaban un calendario con base cincuenta, porque el cincuenta era el número más santo y el más importante de la naturaleza. Su reunión era mística y espiritual, pues compartían doctrina y enseñanzas encaminadas al conocimiento, alcanzando, según Filón, una verdadera embriaguez de saber, de himnos y de amor a Dios. Comían solamente pan sin levadura, agua de manantial y sal sin mezcla. Se abstenían totalmente del vino y de la carne de animales. No eran cristianos ni eran judíos, al menos no compartían el culto cristiano, tal como lo entendemos, ni el culto judío. Compartían, como hemos visto, la dedicación a la contemplación y al estudio de los pitagóricos. Este es un dato importante a retener, porque no hay que olvidar que Pitágoras reunió conocimientos y doctrinas religiosas de la India, China, Egipto, Babilonia, Persia y, naturalmente, de Grecia, que fue su país. Pitágoras fundó, como dijimos, su escuela en Crotona (Italia) y predicó en Italia y Grecia, pero ya vemos como, al cabo de los siglos, nos encontramos a sus seguidores en Egipto, concretamente, en Alejandría[4].
[1] A. MARTOS, Pablo de Tarso ¿Apostol o hereje?, pág. 93 – 94.
[2] Ver, A. PIÑERO, Los cristianismos derrotados, Madrid 2007, pág. 190 ss.
[3] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 94.
[4] Ibidem., pág. 95 – 96.
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Cristianos no cristianos VII. Platón
30. Septiembre 2009 by admin.
PLATÓN[1].
Pasó otro siglo y nació un nuevo iniciado. Platón[2], que vivió entre 427 y 347 antes de nuestra Era. Es el filósofo más antiguo del que se conservan obras escritas completas. Fue discípulo de Sócrates quien no dejó escrito alguno, aunque Platón transmitió la doctrina de su maestro en muchas de sus obras, utilizando diálogos para explicarla mejor. De él aprendió Platón la preponderancia del espíritu, algo que Sócrates puso de relieve en un mundo en el que los filósofos creían saberlo todo y solamente él tuvo conciencia de no saber nada, en un momento en el que aquellos mismos filósofos hablaban mucho y muy alto sobre la naturaleza, pero ninguno se acordaba de mencionar el espíritu. Platón no solo fue un gran filósofo y maestro, sino que proveyó al pueblo griego de nuevas leyes y nuevas creencias. Tradujo la religión egipcia al pensamiento griego, pero despojándola de antemano de todo vestigio de superstición y magia. El hombre que concibió Platón es similar al egipcio porque está formado por cuerpo y espíritu, un espíritu que contiene un elemento inmortal, que emana de Dios. Puesto que el conocimiento permite conocer la Verdad, la verdad con mayúsculas que buscan siempre los filósofos, y es Dios quien infunde esa verdad en el ser humano, la única posibilidad de alcanzarla es liberarse de la influencia de la materia, porque el conocimiento se encuentra únicamente en el mundo de las ideas, mientras que al mundo sensible se le escapa. El hombre tiende a Dios porque tiende al conocimiento en el que se fundirá el alma después de morir. Según los egipcios, solamente se puede llegar a poseer el conocimiento librándose de la materia, es decir, después de la muerte, por tanto, la muerte es la vida verdadera. No tenemos más remedio que volver a recordar a nuestros místicos, a Santa Teresa, para quien: «aquella vida de arriba es la vida verdadera y hasta que esta vida muera no se goza estando viva». Para Platón, Dios es causa y fin de todos los seres y la moral consiste en parecerse a él. Dado que Dios es virtud, verdad y justicia, la manera de parecerse a él es practicar ls virtud, la justicia y la verdad[3].
[1] Cfr., C. WILSON, Lo Oculto, Madrid 2006, pág. 239.
[2] Ver, K. ARMSTRONG,
[3] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 91 - 92.
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Cristianos no cristianos VI. Pitágoras.
23. Septiembre 2009 by admin.
PITÁGORAS.
Casi a la vez que Buda, en 570 antes de nuestra Era, nació Pitágoras en Samos y recibió de su padre un importante patrimonio de sabiduría. Realizó largos e interesantes viajes en los que aprendió los principios de lo que luego sería su doctrina. De los fenicios extrajo el concepto de anamnesis, que es el recuerdo de vidas pasadas. De los egipcios, en cuyas escuelas mistéricas estuvo recluido veinte años, aprendió el concepto de inmortalidad del alma y probablemente el monoteísmo, pues Pitágoras creyó en un único dios. Flavio Josefo señala que aprendió el monoteísmo de los judíos, pero en la época en la que Pitágoras estuvo en Palestina los judíos estaban cautivos en Babilonia y mal pudieron influir en él. Es mucho más probable que adquiriera su idea monoteísta en Egipto, de donde ya dijimos que la extrajo el mismo pueblo hebreo. Durante su estancia en Egipto, en Tebas, asistió a representaciones de la pasión, muerte y resurrección de Osiris, pero también estuvo algún tiempo en Heliópolis, donde recordemos que se desarrolló la escuela sacerdotal monoteísta de Atón[1].
Después de varias pruebas, incluida la circuncisión, Pitágoras fue iniciado en Tebas; aprendió egipcio, según afirma Diógenes Laercio, y se asoció con los caldeos y los magos persas. De ellos aprendió astronomía -los caldeos inventaron los signos del zodíaco en esta era- y también los números. (El famoso «teorema de Pitágoras» sobre el cuadrado de la hipotenusa probablemente fue una de las enseñanzas que recibió de los sacerdotes egipcios.) Sin embargo, el rey persa Cambises invadió Egipto y Pitágoras fue enviado por él a Babilonia, donde pasó otros diez años, aproximadamente, estudiando los misterios mesopotámicos. En total, estuvo fuera de su tierra natal unos treinta y cuatro años, un período durante el cual debe de haber conocido a sabios de India o China, porque existe un fuerte elemento de misticismo oriental en su filosofía de los últimos tiempos, así como la noción de reencarnación[2] que explicó como metempsicosis, la idea de que el alma puede pasar al cuerpo de otras criaturas, incluyendo los animales[3].
Precisamente en aquella época, Cambiases, el hijo de Ciro, tomó Egipto y Pitágoras terminó como rehén en Babilonia, que también había sido conquistada por Ciro. Pero un rehén no era un prisionero incondicional, sino que podía pagar su libertad y Pitágoras terminó por convertirse en consejero personal de Ciro. En la Babilonia persa, Pitágoras aprendió los nombres que los magos persas dieron a los planetas y que más tarde copiaron los griegos. Aprendió también el valor místico de los números y adoptó, de la religión de Zoroastro, la necesidad de perfeccionamiento moral, el bautismo y la búsqueda de la salud del cuerpo y del alma[4].
Después viajó a China ya la India, donde obtuvo el conocimiento de las doctrinas de Confucio y Buda. De Confucio extrajo enseñanzas de moral cívica y social conseguidas a través de la música. De Buda aprendió la reencarnación[5] de las almas y la fraternidad entre los hombres. Con todo este bagaje de conocimientos que resume las doctrinas más antiguas e importantes del mundo de aquellos días, Pitágoras regresó a Grecia y fundó en Crotona una hermandad científico religiosa que vivía en comunidad, haciendo votos de castidad (no obligatoriamente) y practicando el vegetarianismo, que rechazaba el lujo y la vanidad y llevaba una vida de moderación en la sexuali- dad, en la comida y en la bebida. La sociedad pitagórica admitía tanto a hombres como a mujeres y todos los discípulos se sometían a un examen de conciencia ya una auto crítica en público al finalizar el curso de aprendizaje. Sus estudios y actividades abarcaron la Medicina, las Matemáticas,
El valor místico de los números aprendido en Babilonia y Egipto impactó especialmente a Pitágoras, que trasladó su interés a su escuela de Crotona. Allí enseñó que el número entero corresponde a la idea de Dios. Dios es un número entero y cada cosa es un número. y esa característica de los números de poderlo abarcar todo impulsó a los pitagóricos a profundizar en el estudio de la aritmética. De ahí que Pitágoras haya sido llamado el Padre de las Matemáticas. Sus exegetas proclamaron que Pitágoras caminó en más de una ocasión sobre las aguas para llegar puntual a predicar su doctrina en Samos, en Crotona y en Metaponte. Sus discípulos crearon una religión de misterios que transformó a Dionisos[7] en dios hombre redentor, semejante a Osiris. No olvidemos que Pitágoras conoció el culto de Osiris en Tebas[8].
Su doctrina es una síntesis de todas las que aprendió en sus viajes. Señala que el alma inmortal (Egipto) es de origen astral (Persia y Babilonia) y sufre el castigo de estar unida al cuerpo del que se libera al morir para purificarse y volverse a reencarnar, debiendo someterse a normas rituales y morales rigurosas para librarse del ciclo de la reencarnación[9] (India)[10].
Al regresar a Samos Pitágoras descubrió que su jefe Polícrates había cambiado para peor; de hecho, su régimen había adoptado un carácter claramente represivo. Por esa razón se trasladó a Crotona, al sur de Italia. Su magnetismo personal era tan grande que congregó a gran número de discípulos, aunque también despertó envidia y enemistad hasta el punto de que incluso su hermano filósofo Heráclito profirió comentarios sarcásticos sobre él. Uno de sus enemigos levantó al pueblo de Crotona en contra de Pitágoras, algunos de cuyos seguidores perecieron masacrados. El incidente parece indicar que, en cualquier caso, aquellos adversarios llegaron a ejercer una importante influencia en la ciudad. (Édouard Schuré afirma que Citón, el hombre que provocó ellevantarniento contra Pitágoras, era un alumno rechazado.) En cuanto al final de Pitágoras, Diógenes Laercio afirma que murió en Crotona, en el interior de una casa a la que la multitud había prendido fuego. Porfirio, por el contrario, sostiene que escapó y se dirigió a Metaponte, donde murió a los noventa años de edad[11].
Durante sus treinta años de permanencia en Crotona, Pitágoras se Convirtió en una de las grandes influencias intelectuales del mundo mediterráneo, que trasladó el misticismo oriental a Occidente[12]. La suya fue una escuela para místicos, Con rituales iniciáticos prolongados y difíciles. Pitágoras fue filósofo más que mago; de hecho, fue él quien inventó el término «filósofo». Pero su filosofía de alto contenido místico fue una de las mayores in- fluencias en la historia de la magia. Dicho esto, debemos admitir que su ideología fue más sorprendente y original que profunda. Aparentemente, le sorprendió descubrir la relación que existe entre las cuatro notas principales de la escala musical griega y la distancia que las separa, cuantificada sobre la cuerda de la lira. Una deliciosa leyenda cuenta que en una ocasión en que Pitágoras pasaba frente a una he- rrería cuatro herreros golpeaban yunques de diferentes tamaños, produciendo cuatro notas distintas. Pitágoras, curioso, hizo pesar los yunques y descubrió que sus pesos mantenían la proporción 6,8,9 y 12. Luego extendió cuatro cuerdas desde el techo y colgó los yunques, o cuatro pesos que tuvieran la misma proporción, y comprobó que también las cuerdas emitían las mismas notas al ser pulsadas[13].
A partir de este descubrimiento Pitágoras construyó una completa filosofía mística de los números, o al menos eso cuenta la historia. En la cuerda de la lira la distancia entre las notas era 3, 4 y 6, y las notas podían ser ejecutadas en las proporciones 1:2 (octava); 3:2 (quinta) y 4:3 (cuarta). Los cuatro números (1,2,3 y 4) suman 10, un número sagrado. Este descubrimiento suena absurdamente simple para nuestros sofisticados oídos; pero debemos recordar que pocas personas en aquellos días sabían contar hasta más de diez, y que el arte de la multiplicación era aún desconocido, incluso para los egipcios. A Pitágoras le pareció una revelación que aquellas cuatro notas -que, ejecutadas al unísono, sonaban tan armoniosas- pudieran ser explicadas en términos numéricos y su mente saltó hasta la sorprendente hipótesis de que quizá la armonía de la creación se debía a secretos numéricos de ese mismo tipo. La creación comienza con la «divina unidad pura», el número uno; posteriormente se convierte en los «cuatro sagrados», y los cuatro primeros dígitos suman diez, el número sagrado del que parte todo lo demás. Del mismo modo, es posible formar un triángulo de puntos marcando cuatro en la línea de base, tres en la siguiente, dos en la penúltima y uno en el vértice. (Aparentemente, los griegos registraban los números mediante el primitivo método de los puntos.) Para los seguidores de Pitágoras este hecho demostraba que el triángulo era también un símbolo místico. Si trazamos varias de estas figuras ya cada una le agregamos una fila más de puntos notaremos que cualquiera de ellos, sumado al inmediatamente anterior, forma la potencia al «cuadrado». Es decir, que un triángulo compuesto por tres puntos, sumado a otro de seis, suma nueve puntos, que es tres veces tres. Esta teoría suena a juego aritmético inofensivo, pero recordemos que no- sotros cargamos con siglos de ciencia en nuestro haber[14].
[1] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 89.
[2] Cfr., C. G. JUNG, Los arquetipos y lo inconsciente colectivo, Madrid 2002, pág. 106 ss.
[3] C. WILSON, Lo Oculto, Madrid 2006, pág. 218.
[4] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 89.
[5] Cfr., C. G. JUNG, Los arquetipos y lo inconsciente colectivo, Madrid 2002, pág. 106 ss.
[6] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 90.
[7] Ver, K. ARMSTRONG,
[8] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 90.
[9] Cfr., C. G. JUNG, Los arquetipos y lo inconsciente colectivo, Madrid 2002, pág. 106 ss.
[10] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 90.
[11] C. WILSON, Lo Oculto, Madrid 2006, pág. 218 – 219.
[12] Ver, L. KOLAKOWSKI, Si Dios no existe…., 5ª edición, Madrid 2007, pág. 108.
[13] C. WILSON, Lo Oculto, Madrid 2006, pág. 219.
[14] Ibidem., pág. 219 – 220.
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Cristianos no cristianos V. Confucio.
29. Mayo 2009 by admin.
CONFUCIO.
Confucio fue el moralista chino más conocido de la Antigüedad. Nació en 551 antes de nuestra Era y cuenta la leyenda que, tras darle a luz, su madre escuchó una voz celestial que le aseguraba que sus súplicas habían sido escuchadas por los dioses y que el hijo que acababa de nacer sería santo. Leyendas aparte, Confucio fue un maestro que creó su propia escuela. Una escuela encaminada a formar un nuevo orden social en que el estudio fuera aparejado a la práctica de la virtud, de manera que China llegase un día a ser gobernada por hombres virtuosos, sus discípulos, príncipes capaces de ofrecer a sus súbditos un ejemplo de honestidad y de bien hacer[1].
Confucio se sentía horrorizado por la guerra constante que amenazaba con destruir por completo los pequeños principados. Sin embargo, para su consternación, éstos no parecían conscientes de ese peligro. Lu no podía competir militarmente con un Estado grande como Qi, pero en lugar de dedicar todos sus recursos a enfrentarse a esa amenaza externa, las familias nobles {motivadas solamente por la codicia y la vanagloria) luchaban en una guerra civil autodestructiva. Si las «tres familias» hubiesen observado elli correctamente, ese estado de cosas nunca habría llegado a darse. En el pasado, los ritos habían ayudado a evitar el peligro de violencia y venganza, y habían mitigado el horror de la batalla. Debían hacerlo de nuevo. Como ritualista, Confucio había pasado mucho más tiempo estudiando las ceremonias y los clásicos que el arte principesco de la arquería y la conducción de carros. Ahora redefinía el papel de los junzi: el verdadero caballero debía ser un estu- dioso, y no un guerrero. En lugar de luchar por el poder, eljunzi debía estudiar las normas de la conducta correcta, tal y como las prescribía elli tradicional de la vida familiar, política, militar y social. Confucio nunca pretendió ser un pensador original. «yo he transmitido lo que me fue enseñado sin añadir nada de mi cosecha -dijo una vez-. He sido fiel a los antiguos y los he amado.» Sólo un sabio que hubiese recibido la bendición de la iluminación divina podía romper la tradición. «yo soy, sencillamente, uno que ama el pasado, y que es diligente investigándolo», y sin embargo, a pesar de todas sus protestas, la verdad es que Confucio sí que era innovador. Se sentía inclinado a «reanimar lo Antiguo para conseguir conocimientos de lo Nuevo». El mundo había cambiado, pero no habría ningún perfeccionamiento provechoso si no había una cierta medida de continuidad[2].
Confucio[3] fue una de las primeras personas que dejó meridianamente claro que la santidad era inseparable del altruismo. Solía decir: «Mi Camino tiene un hilo que corre recto por todo él». No había metafísica abstrusa ni complicadas especulaciones litúrgicas; todo volvía siempre a la importancia de tratar a las demás personas con un respeto absolu- tamente sagrado. «El Camino de nuestro Maestro -decía uno de sus discípulos- no es más que esto: hacer todo lo que puedas por los demás [zhong] y consideración [shu].» El Camino no era más que un esfuerzo constante y entregado por nutrir la santidad de los demás, que a su vez extraería la santidad inherente en uno mismo. «¿Hay algún dicho sobre el cual se pueda actuar todos los días, y todo el tiempo?», preguntó Zigong a su maestro. «Quizá el dicho de la consideración [shu] -dijo Confucio-. No hagas a los demás lo que no querrías que te hicieran a ti.» El shu realmente debería traducirse como «compararse consigo mismo». Otros lo han llamado la Regla de Oro; era la práctica religiosa esencial, y era mucho más difícil de lo que parecía. Zigong aseguró una vez que dominaba esa virtud: «Lo que no quiero que otros me hagan, no tengo deseo alguno de hacérselo a otros», anunció, orgullosamente. Uno casi puede ver la sarcástica, aunque afectuosa sonrisa de Confucio mientras meneaba la cabeza. «jAh, no! Todavía no has llegado a ese punto.»[4].
Mencio[5], nombre latinizado de Meng-tsé, vivió un siglo después de Confucio, siendo discípulo de un nieto de éste, fue de familia humilde, con su tesón y trabajo llegó a ser maestro y alcanzó cargos públicos. Propagó las ideas de Confucio tan activamente que se le considera equivalente a Pablo en el cristianismo[6].
El confucianismo no tiene dogmas, cree que el universo es uno en el que la sociedad y el hombre no son más que una parte. Es una doctrina animista con residuos del totemismo y de prácticas chamánicas, unida a la creencia de que el emperador, el “Hijo del Cielo”, es el intermediario entre el cielo y los hombres. El objetivo final es el Amor Universal entre todos los hombres por medio del perfeccionamiento de uno mismo. Para Confucio y Mencio, el hombre debe de estar en armonía con el Cosmos, para lo que es necesario conocerse a sí mismo mediante el estudio y la introspección. De esta forma se desarrolla el Li, un concepto que incluye los ritos y las ceremonias, lo que es de suma importancia para los chinos. Con el Li se desarrolla el Ren, que es la benevolencia, acompañada por la lealtad y la compasión o piedad. El que posee el Ren practicará la justicia, la generosidad y los buenos principios, es lo que se llama un Junzi, es decir, un hombre superior moderado en todo, hasta en lo bueno. La mayoría son Xiaorén, o sea hombres vulgares, “hombrecitos”[7].
[1] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 88.
[2] K. ARMSTRONG, La Gran Transformación, Barcelona 2007, pág. 286.
[3] Cfr., P. RODRIGUEZ, Mentiras fundamentales de la Iglesia católica, Sabadell 2000, pág. 122 ss.
[4] K. ARMSTRONG, La Gean Transformación, Barcelona 2007, pág. 291.
[5] Ver, K. ARMSTRONG, La Gean Transformación, Barcelona 2007, pág. 416 ss. En este punto, señala el autor en un momento dado:“Mencio no estaba de acuerdo en que las normas del ren eran arti- ficiales, sino que creía que era natural que la gente respondiese de forma compasiva al sufrimiento. Recordó al rey Xuan que él había perdonado recientemente la vida a un buey que iba a ser sacrificado. Cuando vio al pobre animal cruzando su salón y oyó su lastimero gri- to, llamó al encargado: «jDéjalo vivir! No puedo soportar ver cómo se encoge de miedo, como un hombre inocente que se dirige al lugar de su ejecución».52 Aquél había sido un buen impulso, pero no fue más que el principio. A continuación, el rey aplicaría su simpatía ins- tintiva a sus súbditos y les trataría de una forma más amable, y al fi- nal, extendería su preocupación a otros Estados. Mencio creía que la naturaleza humana básicamente era buena: que se inclinaba al ren de forma espontánea. Los mozistas creían que la gente solamente se podía mover por el interés propio, y que había que introducir la bondad en su interior desde fuera, pero Mencio aseguraba que para nosotros era normal comportarse moralmente, igual que para nuestros cuerpos era normal desarrollarse con una forma humana madura. Podíamos detener nuestro crecimiento tanto físico como moral mediante los malos hábitos, pero la tendencia instintiva hacia la bondad seguía existiendo”.
[6] F. DE ORBANEJA, Historia impía de las religiones, Madrid 2003, pág. 160.
[7] Ibidem., pág. 160.
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