El primer Cristo.

Vamos a partir de la base de la posible existencia de Cristo, y vamos a desarrollar un poco lo que hemos visto hasta ahora, intentando comprender hacia donde van las ideas cristianas, tal como ya hemos visto.

 Para muchos investigadores Jesús[1] es un simple mito, una leyenda, que a través de los evangelios del Nuevo Testamento[2] cobra una realidad y por motivos sociológicos del momento histórico se convierte en realidad. Los mitólogos Albert Chuchward y Joseph Whelles, consideran que la existencia de Jesús es un mito construido con elementos de la escatología egipcia, especialmente Horus como ya explicaremos más adelante; pero también está la posibilidad de que su existencia estuviera basada en mitologías como la de Mitra[3], en Persia, o Krishna en la India, dos personajes que también nacen de una madre virgen. Los dos investigadores citados recuerdan que Horus y Mitra nacen el 25 de diciembre, y que en ambos casos se rodearon de doce discípulos que, más tarde, se convirtieron en los doce signos del zodiaco. Para más analogías ambos personajes resucitan, suben a los cielos y fueron llamados por sus contemporáneos hijos de Dios. Krishna, concretamente, fue la segunda persona de una trinidad y, curiosamente, fue perseguido por un tirano que también hizo asesinar a numerosos niños. Timothy Freke y Peter Gandy, en The Jesús Mysteríes, localizaron una medalla griega en la que aparece un hombre cru- cificado; se trata de una imagen muy anterior a la época de Cristo. La inscripción griega hace referencia a un dios pagano que también nació de una virgen un 25 de diciembre y fue crucificado[4]. Indudablemente se trata de analogías muy importantes y destacables para no considerarlas seriamente, y no sospechar que la historia de Jesús fue elaborada en base a todas estas leyendas o, como mínimo, aceptando su existencia, hay que creer en la posibilidad que muchos de sus hechos -nacimiento virginal, resurrección, apariciones, milagros, etc.- se basaron en leyendas del pasado y que se le atribuyeron hechos de dichas leyendas para divinizar su historia y confeccionarla dentro de una mayor majestuosidad. Consecuencia que nos lleva a admitir la existencia de Jesús como personaje singular[5].


[1] Ver, F. BLASI BIRBE, Los nombres de Cristo en la Biblia, Navarra. 

[2] Ver, J. ARIAS, Jesús, ese gran desconocido, Madrid 2007, pág. 36 ss. 

[3] Ver, L. ANTEQUERA, El cristianismo desvelado, Madrid 2007, pág. 61 ss. 

[4] Cfr., J. BLASCHKE, Jesucristo o la historia falsificada, Barcelona 2005, pág. 95 ss. 

[5] J. BLASCHKE, Jesucristo o la historia falsificada, Barcelona 2005, pág. 24 – 26. 

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