La fe cristiana 5.

Los gnósticos[1] paganos y cristianos imaginaban que el camino de iniciación trataba de despertar al rey que el iniciado llevaba dentro. En los Misterios paganos, se «entronizaba» al iniciado como rey, formando parte de las ceremonias de iniciación. Los gnósticos paganos de la escuela cínica llamaban «rey» en el «reino de Dios» al iniciado que comprendía. Del mismo modo, los gnósticos cristianos enseñaban que, cuando comprendamos la gnosis, nos convertiremos en reyes «autogobernados» del reino de Dios y «reinaremos sobre Todo”. Imaginaban al iniciado cristiano triunfante coronado con un halo de luz y declarando: “

la Luz se ha convertido en una corona sobre mi cabeza”

[2].La historia de la salvación[3] consistirá en la restauración progresiva de la creación espiritual en su estado primitivo. La consumación de las cosas tendrá lugar cuando todo sea sometido al Hijo: «El final, en efecto, es siempre semejante al comienzo. Y así, como el fin de todo es uno, también el comienzo de todos debe ser considerado como uno, y del mismo modo que hay un final que afecta a una multitud, también, a partir de un único comienzo, ha habido numerosas variantes y diversidades, que de nuevo, por la bondad de Dios, por la sumisión a Cristo y por la unidad del Espíritu Santo[4], son llevadas a un fin único semejante al comienzo, quiero decir la variedad de todos los que están en el cielo, en la tierra y en los infiernos. En estas tres categorías, que a partir de un comienzo único han sido dispuestas en órdenes diversos conforme a sus méritos, queda comprendido todo el universo» (i,6,2; cf. i,8,4). Esta restauración abarca la totalidad de las criaturas espirituales. Todas cayeron de su condición primera de espíritus puros y todas deben ser restablecidas en esta condición. La redención concierne por tanto no sólo a los hombres, sino también a los ángeles, los cuerpos celestes y los demonios[5].

 Todo esto nos lleva a que el final es el nuevo principio, y siendo en nuevo principio, el avance no existe, el futuro no existe, ni siquiera existe el pasado, es una constante vuelta al mismo concepto de existencia en la que el hombre debe someterse a las mismas reglas que son las originales y que, de hecho, se alejan de la realidad social actual y de la propia moral objetiva de cualquier hombre.


[1] Ver, J. ARIAS, Jesús, ese gran desconocido, Madrid 2007, pág. 151 ss. 

[2] T. FREKE y P. GANDY, Jesús y la Diosa Perdida, Barcelona 2006, pág. 33. 

[3] Ver, B. RUSSELL, “Lo que creo”, en Por qué no soy cristiano, recopilación de ensayos, Barcelona 2006, pág. 107 ss. 

[4] Ver, L. ANTEQUERA, El cristianismo desvelado, Madrid 2007, pág. 383 ss. 

[5] J. DANIÉLEU, Mensaje evangélico y cultura helenística. Siglo II y III, pág. 407. 

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