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Ataque contra los distintos.
Los propios padres de la iglesia[1], entre los que podemos destacar a Clemente de Alejandría, estaban dispuestos a considerar que “la filosofía, esta cosa tan útil, floreció por tanto en épocas antiguas entre los bárbaros, manifestándose según las razas, y sólo más tarde llegó a los griegos. Los que la presiden son los profetas de Egipto y los caldeos de Asiria y los druidas de la Galia y los filósofos de los celtas y los magos de los persas y gimnosofistas de la India, y aún añadiría otros filósofos bárbaros que formas dos familias, los sármatas y los brahamanes. Entre los indios están también los que obedecen los preceptos de Buda”[2].
Ahora bien, se cuidaban muy mucho de considerar que dichas visiones fueran anteriores a la de los profetas judíos, por lo que rompían el continuo histórico sin ningún pudor. Es una situación absolutamente Kafkiana pero real, porque sólo se utiliza el arma concreta que conviene, pero se niega la contemplación de lo que no encaja, lo que supone que nunca se va a llegar a la verdad, porque la explicación necesita de todos los datos, no sólo de los que son adecuados a nuestras ideas.
En un ejercicio de bastante cinismo, se señala que[3], “si bien es cierto que ha de haber enseñanza, preciso es que haya también un maestro. Cleantes reconoce a Zenón, Teofrasto a Aristóteles y Platón a Sócrates. Pero si me remonto a Pitágoras., a Ferecicles y a Tales y a los primeros sabios, busco incesantemente a su mestro. Y si tú dices que son los egipcios y los indios y los babilonios y los magos, no dejaré de buscar al maestro de éstos. De este modo te hag;o remontarte hasta la creación del hombre. Y entonces empIezo de nuevo a buscar quién es el maestro, y no será un hombre, y no habrán sido todavía instruidos; ni siquiera es un ángel, pues hemas recibido que los ángeles mismos han sido instruidos en la verdad. Sólo nos queda, después de habernos elevado sobre nosotros mismos, desear el maestro de éstos”[4].
[1] Ver, J. DANIÉLEU, Mensaje evangélico y cultura helenística. Siglo II y III, pág. 62 ss.
[2] C. DE ALEJANDRÍA, Los Stromata, i,15,71,3-6.
[3] Ver, J. DANIÉLEU, Mensaje evangélico y cultura helenística. Siglo II y III, pág. 68.
[4] C. DE ALEJANDRÍA, Los Stromata, vi,7,57,2-3.
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