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Ataques contra los distintos.
Los literalistas, por el contrario, querían ampliar la extensión de poder religioso y se empeñaban en mantener al rebaño bien seguro en su redil. A pesar de que en el evangelio según san Lucas Jesús dice: «Todo discípulo será perfecto cuando sea semejante a su maestro», la idea gnóstica de que el cristianismo consistía en que cada individuo se convirtiera en un Jesucristo se etiquetó de herejía blasfema[1].
Durante los tres primeros siglos de la era cristiana florecieron en el Mediterráneo varias escuelas de espiritualidad que tuvieron en muy alta consideración el potencial creativo y revelador del alma. Es interesante observar, en este sentido, que Jung nunca afirmó haber sido él quien descubriera el concepto de los arquetipos, sino que siempre estuvo dispuesto a admitir que había descubierto esta idea en las enseñanzas filosófico-religiosas del mundo helenista[2]:
“En toda psique hay formas que son inconscientes, pero que no por ello dejan de ser activas: disposiciones de vida, ideas en el sentido platónico, que realizan e influyen continuamente sobre nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. El término arquetipo surge ya en Filón de Alejandría, para referirse a la imago Dei (imagen de Dios) en el hombre. También se encuentra en Ireneo, quien dice [citando una fuente gnóstica, S. A H.]: «El creador del mundo no forjó estas cosas directamente desde sí mismo, sino que las copi6 de los arquetipos existentes fuera de sí mismo». En el Corpus Hermeticum, a Dios se le llama [. ..] «luz arquetípica» [. ..], para nuestros propositos, este término [. ..] nos dice que [. ..] estamos tratando con tipos arcaicos o yo más bien diría que primordiales, con imágenes universales que han existido desde los tiempos más remotos!”.
Lamentablemente, la postura interiorista de la primera sabiduría alejandrina fue sustituida por un externalismo institucionalizado, en el que a Dios, ya otras imágenes arquetípicas de carácter trascendental, se le concibió como a un ser situado «fuera de todo». Lo que podríamos denominar la espiritualidad psicológica de los primeros siglos de la era cristiana se hizo clandestina y se declararon como heréticos los movimientos interioristas compensadores que todavía subsistían dentro de la estructura del cristianismo[3].
[1] T. FREKE y P. GANDY, Jesús y la Diosa Perdida, Barcelona 2006, pág. 60 – 61.
[2] S. A. HOELLER, Jung y los evangelios perdidos, Barcelona 2005, pág. 23 – 24.
[3] Ibidem., pág. 24.
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