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Archivo para Septiembre 2009
Cristianos no cristianos VII. Platón
30. Septiembre 2009 by admin.
PLATÓN[1].
Pasó otro siglo y nació un nuevo iniciado. Platón[2], que vivió entre 427 y 347 antes de nuestra Era. Es el filósofo más antiguo del que se conservan obras escritas completas. Fue discípulo de Sócrates quien no dejó escrito alguno, aunque Platón transmitió la doctrina de su maestro en muchas de sus obras, utilizando diálogos para explicarla mejor. De él aprendió Platón la preponderancia del espíritu, algo que Sócrates puso de relieve en un mundo en el que los filósofos creían saberlo todo y solamente él tuvo conciencia de no saber nada, en un momento en el que aquellos mismos filósofos hablaban mucho y muy alto sobre la naturaleza, pero ninguno se acordaba de mencionar el espíritu. Platón no solo fue un gran filósofo y maestro, sino que proveyó al pueblo griego de nuevas leyes y nuevas creencias. Tradujo la religión egipcia al pensamiento griego, pero despojándola de antemano de todo vestigio de superstición y magia. El hombre que concibió Platón es similar al egipcio porque está formado por cuerpo y espíritu, un espíritu que contiene un elemento inmortal, que emana de Dios. Puesto que el conocimiento permite conocer la Verdad, la verdad con mayúsculas que buscan siempre los filósofos, y es Dios quien infunde esa verdad en el ser humano, la única posibilidad de alcanzarla es liberarse de la influencia de la materia, porque el conocimiento se encuentra únicamente en el mundo de las ideas, mientras que al mundo sensible se le escapa. El hombre tiende a Dios porque tiende al conocimiento en el que se fundirá el alma después de morir. Según los egipcios, solamente se puede llegar a poseer el conocimiento librándose de la materia, es decir, después de la muerte, por tanto, la muerte es la vida verdadera. No tenemos más remedio que volver a recordar a nuestros místicos, a Santa Teresa, para quien: «aquella vida de arriba es la vida verdadera y hasta que esta vida muera no se goza estando viva». Para Platón, Dios es causa y fin de todos los seres y la moral consiste en parecerse a él. Dado que Dios es virtud, verdad y justicia, la manera de parecerse a él es practicar ls virtud, la justicia y la verdad[3].
[1] Cfr., C. WILSON, Lo Oculto, Madrid 2006, pág. 239.
[2] Ver, K. ARMSTRONG,
[3] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 91 - 92.
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Cristianos no cristianos VI. Pitágoras.
23. Septiembre 2009 by admin.
PITÁGORAS.
Casi a la vez que Buda, en 570 antes de nuestra Era, nació Pitágoras en Samos y recibió de su padre un importante patrimonio de sabiduría. Realizó largos e interesantes viajes en los que aprendió los principios de lo que luego sería su doctrina. De los fenicios extrajo el concepto de anamnesis, que es el recuerdo de vidas pasadas. De los egipcios, en cuyas escuelas mistéricas estuvo recluido veinte años, aprendió el concepto de inmortalidad del alma y probablemente el monoteísmo, pues Pitágoras creyó en un único dios. Flavio Josefo señala que aprendió el monoteísmo de los judíos, pero en la época en la que Pitágoras estuvo en Palestina los judíos estaban cautivos en Babilonia y mal pudieron influir en él. Es mucho más probable que adquiriera su idea monoteísta en Egipto, de donde ya dijimos que la extrajo el mismo pueblo hebreo. Durante su estancia en Egipto, en Tebas, asistió a representaciones de la pasión, muerte y resurrección de Osiris, pero también estuvo algún tiempo en Heliópolis, donde recordemos que se desarrolló la escuela sacerdotal monoteísta de Atón[1].
Después de varias pruebas, incluida la circuncisión, Pitágoras fue iniciado en Tebas; aprendió egipcio, según afirma Diógenes Laercio, y se asoció con los caldeos y los magos persas. De ellos aprendió astronomía -los caldeos inventaron los signos del zodíaco en esta era- y también los números. (El famoso «teorema de Pitágoras» sobre el cuadrado de la hipotenusa probablemente fue una de las enseñanzas que recibió de los sacerdotes egipcios.) Sin embargo, el rey persa Cambises invadió Egipto y Pitágoras fue enviado por él a Babilonia, donde pasó otros diez años, aproximadamente, estudiando los misterios mesopotámicos. En total, estuvo fuera de su tierra natal unos treinta y cuatro años, un período durante el cual debe de haber conocido a sabios de India o China, porque existe un fuerte elemento de misticismo oriental en su filosofía de los últimos tiempos, así como la noción de reencarnación[2] que explicó como metempsicosis, la idea de que el alma puede pasar al cuerpo de otras criaturas, incluyendo los animales[3].
Precisamente en aquella época, Cambiases, el hijo de Ciro, tomó Egipto y Pitágoras terminó como rehén en Babilonia, que también había sido conquistada por Ciro. Pero un rehén no era un prisionero incondicional, sino que podía pagar su libertad y Pitágoras terminó por convertirse en consejero personal de Ciro. En la Babilonia persa, Pitágoras aprendió los nombres que los magos persas dieron a los planetas y que más tarde copiaron los griegos. Aprendió también el valor místico de los números y adoptó, de la religión de Zoroastro, la necesidad de perfeccionamiento moral, el bautismo y la búsqueda de la salud del cuerpo y del alma[4].
Después viajó a China ya la India, donde obtuvo el conocimiento de las doctrinas de Confucio y Buda. De Confucio extrajo enseñanzas de moral cívica y social conseguidas a través de la música. De Buda aprendió la reencarnación[5] de las almas y la fraternidad entre los hombres. Con todo este bagaje de conocimientos que resume las doctrinas más antiguas e importantes del mundo de aquellos días, Pitágoras regresó a Grecia y fundó en Crotona una hermandad científico religiosa que vivía en comunidad, haciendo votos de castidad (no obligatoriamente) y practicando el vegetarianismo, que rechazaba el lujo y la vanidad y llevaba una vida de moderación en la sexuali- dad, en la comida y en la bebida. La sociedad pitagórica admitía tanto a hombres como a mujeres y todos los discípulos se sometían a un examen de conciencia ya una auto crítica en público al finalizar el curso de aprendizaje. Sus estudios y actividades abarcaron la Medicina, las Matemáticas,
El valor místico de los números aprendido en Babilonia y Egipto impactó especialmente a Pitágoras, que trasladó su interés a su escuela de Crotona. Allí enseñó que el número entero corresponde a la idea de Dios. Dios es un número entero y cada cosa es un número. y esa característica de los números de poderlo abarcar todo impulsó a los pitagóricos a profundizar en el estudio de la aritmética. De ahí que Pitágoras haya sido llamado el Padre de las Matemáticas. Sus exegetas proclamaron que Pitágoras caminó en más de una ocasión sobre las aguas para llegar puntual a predicar su doctrina en Samos, en Crotona y en Metaponte. Sus discípulos crearon una religión de misterios que transformó a Dionisos[7] en dios hombre redentor, semejante a Osiris. No olvidemos que Pitágoras conoció el culto de Osiris en Tebas[8].
Su doctrina es una síntesis de todas las que aprendió en sus viajes. Señala que el alma inmortal (Egipto) es de origen astral (Persia y Babilonia) y sufre el castigo de estar unida al cuerpo del que se libera al morir para purificarse y volverse a reencarnar, debiendo someterse a normas rituales y morales rigurosas para librarse del ciclo de la reencarnación[9] (India)[10].
Al regresar a Samos Pitágoras descubrió que su jefe Polícrates había cambiado para peor; de hecho, su régimen había adoptado un carácter claramente represivo. Por esa razón se trasladó a Crotona, al sur de Italia. Su magnetismo personal era tan grande que congregó a gran número de discípulos, aunque también despertó envidia y enemistad hasta el punto de que incluso su hermano filósofo Heráclito profirió comentarios sarcásticos sobre él. Uno de sus enemigos levantó al pueblo de Crotona en contra de Pitágoras, algunos de cuyos seguidores perecieron masacrados. El incidente parece indicar que, en cualquier caso, aquellos adversarios llegaron a ejercer una importante influencia en la ciudad. (Édouard Schuré afirma que Citón, el hombre que provocó ellevantarniento contra Pitágoras, era un alumno rechazado.) En cuanto al final de Pitágoras, Diógenes Laercio afirma que murió en Crotona, en el interior de una casa a la que la multitud había prendido fuego. Porfirio, por el contrario, sostiene que escapó y se dirigió a Metaponte, donde murió a los noventa años de edad[11].
Durante sus treinta años de permanencia en Crotona, Pitágoras se Convirtió en una de las grandes influencias intelectuales del mundo mediterráneo, que trasladó el misticismo oriental a Occidente[12]. La suya fue una escuela para místicos, Con rituales iniciáticos prolongados y difíciles. Pitágoras fue filósofo más que mago; de hecho, fue él quien inventó el término «filósofo». Pero su filosofía de alto contenido místico fue una de las mayores in- fluencias en la historia de la magia. Dicho esto, debemos admitir que su ideología fue más sorprendente y original que profunda. Aparentemente, le sorprendió descubrir la relación que existe entre las cuatro notas principales de la escala musical griega y la distancia que las separa, cuantificada sobre la cuerda de la lira. Una deliciosa leyenda cuenta que en una ocasión en que Pitágoras pasaba frente a una he- rrería cuatro herreros golpeaban yunques de diferentes tamaños, produciendo cuatro notas distintas. Pitágoras, curioso, hizo pesar los yunques y descubrió que sus pesos mantenían la proporción 6,8,9 y 12. Luego extendió cuatro cuerdas desde el techo y colgó los yunques, o cuatro pesos que tuvieran la misma proporción, y comprobó que también las cuerdas emitían las mismas notas al ser pulsadas[13].
A partir de este descubrimiento Pitágoras construyó una completa filosofía mística de los números, o al menos eso cuenta la historia. En la cuerda de la lira la distancia entre las notas era 3, 4 y 6, y las notas podían ser ejecutadas en las proporciones 1:2 (octava); 3:2 (quinta) y 4:3 (cuarta). Los cuatro números (1,2,3 y 4) suman 10, un número sagrado. Este descubrimiento suena absurdamente simple para nuestros sofisticados oídos; pero debemos recordar que pocas personas en aquellos días sabían contar hasta más de diez, y que el arte de la multiplicación era aún desconocido, incluso para los egipcios. A Pitágoras le pareció una revelación que aquellas cuatro notas -que, ejecutadas al unísono, sonaban tan armoniosas- pudieran ser explicadas en términos numéricos y su mente saltó hasta la sorprendente hipótesis de que quizá la armonía de la creación se debía a secretos numéricos de ese mismo tipo. La creación comienza con la «divina unidad pura», el número uno; posteriormente se convierte en los «cuatro sagrados», y los cuatro primeros dígitos suman diez, el número sagrado del que parte todo lo demás. Del mismo modo, es posible formar un triángulo de puntos marcando cuatro en la línea de base, tres en la siguiente, dos en la penúltima y uno en el vértice. (Aparentemente, los griegos registraban los números mediante el primitivo método de los puntos.) Para los seguidores de Pitágoras este hecho demostraba que el triángulo era también un símbolo místico. Si trazamos varias de estas figuras ya cada una le agregamos una fila más de puntos notaremos que cualquiera de ellos, sumado al inmediatamente anterior, forma la potencia al «cuadrado». Es decir, que un triángulo compuesto por tres puntos, sumado a otro de seis, suma nueve puntos, que es tres veces tres. Esta teoría suena a juego aritmético inofensivo, pero recordemos que no- sotros cargamos con siglos de ciencia en nuestro haber[14].
[1] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 89.
[2] Cfr., C. G. JUNG, Los arquetipos y lo inconsciente colectivo, Madrid 2002, pág. 106 ss.
[3] C. WILSON, Lo Oculto, Madrid 2006, pág. 218.
[4] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 89.
[5] Cfr., C. G. JUNG, Los arquetipos y lo inconsciente colectivo, Madrid 2002, pág. 106 ss.
[6] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 90.
[7] Ver, K. ARMSTRONG,
[8] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 90.
[9] Cfr., C. G. JUNG, Los arquetipos y lo inconsciente colectivo, Madrid 2002, pág. 106 ss.
[10] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 90.
[11] C. WILSON, Lo Oculto, Madrid 2006, pág. 218 – 219.
[12] Ver, L. KOLAKOWSKI, Si Dios no existe…., 5ª edición, Madrid 2007, pág. 108.
[13] C. WILSON, Lo Oculto, Madrid 2006, pág. 219.
[14] Ibidem., pág. 219 – 220.
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