Archivo para Octubre 2008

Una Luz disinta 52.

15-3-02 Viernes.
Hoy he disfrutado de una tarde maravillosa con Margalida. He sentido su hermoso cuerpo entre mis brazos y he viajado al paraíso mientras mi pene regaba su cuerpo con mi esperma. No puedo entender como una joven como mi amada puede tener tanta habilidad con su cuerpo, pequeño y poderoso. Es flexible y voluptuosa, pero también demuestra una imposible capacidad para el cariño y el amor.
Después de acabar nuestro escarceo he contado mi aventura de ayer. Sus ojos han demostrado admiración mientras veía mi cuchillo, ya limpio, signo inquebrantable de poder. Luego, como muestra de sumisión, mi amada se entregó, de nuevo, a mis deseos.

Una Luz distinta 51.

14-3-02 Jueves.
He esperado demasiado tiempo para que, ahora, a estas alturas de mi imposible vida, los otros piensen que pueden controlar mi existencia determinando como y cuando puedo hacer yo algo, e imponiendo criterios que yo nunca aceptaría.
Hoy ha tocado la venganza contra Pepa. La muy zorra había decidido vivir la noche y había salido con unas amigas. Yo me encontré con ella en una pequeña discoteca y me sorprendió la actitud distendida que tenía, acostumbrado a contemplarla como una “vieja reprimida”.
Me escondí todo lo que pude y disfruté de su actitud general hacia la vida, bebiendo y fumando como nunca hubiera podido imaginar. Era extremadamente divertido contemplar a mi torturadora en un ambiente nuevo, incluso llegué a pensar en claudicar y dejar que viviera, pero una condena es una condena.
A eso de las dos de la mañana ella dejó la reunión y yo pude disfrutar con el comienzo de mi venganza. Las cosas me fueron especialmente bien, la asquerosa había decidido caminar hasta su casa y pasó por un solar oscuro y solitario. Era el lugar perfecto y no esperé otra oportunidad mejor.
Me abalancé sobre ella sin que pudiera hacer nada. Aunque sólo pretendía su muerte, en el momento de la verdad no pude evitar violar su cuerpo. Ella no abrió la boca, aunque me reconoció casi de forma instantánea. Parece que estaba acostumbrada a ser forzada, pues sólo cerro los puños y dejó que yo me despachara a mi gusto.
Luego la cosa se puso mejor cuando la guarra se fijó en el cuchillo que llevaba. Fue en esos instantes cuando comenzó a balbucear, pero ya era tarde, de un certero tajo segué su asqueroso cuello y me quedé un buen rato contemplando como su vida escapaba a borbotones sin que de su garganta destrozada pudiera salir ningún grito de auxilio.
Luego obtuve otro premio por mi constancia. En la calle desierta, mientras paseaba tranquilamente hacia mi casa, una furgoneta se para en un semáforo; de la misma, dejando el motor en marcha, sale un hombre para dejar un paquete de revistas al lado de un kiosco.
Me acerqué sonriente al hombre, que pareció agradecer tener alguien con quien conversar. Ese fue su error. Mi cuchillo, ansioso por devorar el alma de mis víctimas, segó la vida del asombrado trabajador, cuyo cuerpo cayó como un saco cargado de piedras.

Editorial.

Ya nace la editorial, sólo faltáis vosotros, como lectores o como escritores, mandar lo que queráis, estaremos aquí, estudiándolo para ver si se puede publicar de una forma u otra.

¿Y sí Dios está muerto? VIII.1.

Cuando Marisa salió de la clínica, desenganchada de la droga, al menos todo lo desenganchada que podía estar una persona después de haber pasado por el infierno que había pasado, Carlos tenía preparada una sorpresa para ella. Con todo su amor, con todo su cariño, había creado un lugar donde compartir su vida, donde poder vivir ambos sin que nadie se metiera con ellos, había logrado tener un verdadero hogar que ofrecer a “su mujer”.
El amor de Carlos había crecido tanto que ni yo mismo podía creer lo que veía, era otra persona, una persona que era capaz de luchar, de romper todas la barreras que se encontrara, porque él era diferente, era mejor, más completo, se había construido interiormente a base de comprender que su vida se centraba en Marisa, su única esperanza para ser feliz.
Era plenamente consciente de sus limitaciones, de lo precario de su situación, una situación que le llevaba irremisiblemente a la muerte, a una muerte con la que había que convivir, porque ese era el problema, que aunque no muriera Marisa siempre estaría allí la enfermedad para demostrar que las cosas nunca son tan hermosas.
Todo aquello no le importaba a mi amigo, él era diferente, había cambiado, había asumido el cambio de vida que suponía convivir con una enferma de SIDA, no podía admitir que una simple enfermedad le apartase de una mujer como Marisa, no podía soportarlo. Yo creo que a mí, en sus circunstancias, me hubiera pasado lo mismo, pero yo soy un cobarde, no tengo el valor que Carlos atesora, soy demasiado triste y blando conmigo mismo.
Quizá ese sea mi problema, pero también es mi solución, porque siendo como soy no voy a meterme en líos, no en líos demasiado grandes, sólo en los que se pueden controlar, sólo me meto en cuestiones de las que soy capaz de salir, de otra forma mi cobardía me impide continuar con la mentira, me debo a mi forma de ser.
Por supuesto que muchos pensaran que lo que yo considero cobardía no es sino precaución, pero la precaución es algo demasiado aburrido, es un instrumento muy digno para circunstancias de peligro pero que no debe utilizarse en todos los casos, no como principio absoluto, a no ser que queramos hacer de nuestra vida algo cansado y sin sentido.
Creo que lo expresaba perfectamente Sabina en la canción “pastillas para no soñar” –creo que ese es el nombre- donde el hombre debía ser totalmente previsible y predecible para llegar a vivir cien años, pero vivir cien años en esas circunstancias es lo peor que le puede pasar a una persona. Yo soy de esas personas que va a vivir cien años de una forma tan aburrida que acabaré muriendo de mismo aburrimiento, algo tan horrible como la muerte misma, como la esperanza desperdiciada.
Por eso admiro a Carlos, siempre lo admiraré, porque ha sido capaz de admitir sus limitaciones y, aceptándolas, las ha dejado de lado para ser una persona completa, una persona como hay que ser, una persona que se entrega a los demás, que se deja querer y que quiere, algo que yo no voy a poder hacer completamente, me importa demasiado mi tranquilidad.
Eso sí, para dar consejos soy único, porque sé lo que debo hacer y no debo hacer, lo que pasa es que no me atrevo a hacer lo que debo, es algo superior a mis fuerzas, es un problema enorme, el problema de la cobardía, aunque tenga el conocimiento absoluto de la verdad.
La suerte le había empezado a sonreír de la mano de mis “amigos” y empezaba a ganar suficiente dinero, tanto como para dejar el negocio familiar y dedicarse a su propio negocio, un negocio que le sacaba de la esclavitud del agradecimiento, esa esclavitud con la que algunas personas pretenden controlar a los seres más allegados por el simple hecho de haber estado en el momento en que ese ser era indefenso.
Tenía casi todos los días cubiertos, sus precios eran buenos y su calidad perfecta, por eso podía hacer algo que siempre había deseado, romper con la inexistencia de su vida anterior y tomar de la mano la esperanza, una esperanza que tenía atada con un hilo demasiado fino, pero consistente, tan consistente como la voluntad, su voluntad.
Embarcado en una lucha desigual había asumido las funciones de líder, de líder de su vida, una de las cosas más complicadas que un ser humano puede hacer, y el caso es que lo estaba haciendo muy bien, demasiado bien, porque sabía lo que querría, lo que necesitaba, lo que estaba buscando.
En el almacén de los recuerdos acumulaba malas experiencias y las dejaba aparcadas, las abandonaba, las convertía en algo bueno, en algo diferente. Sabía lo que había pasado, sabía sus errores, pero no iba a dejarse dominar por el miedo, iba a construir un nuevo mundo a través de su esfuerzo, iba a ser diferente, a pensar diferente.
Fundamentaba su vida en la lucha como único medio de salir de la pobreza de espíritu que le embargaba, una pobreza que llenaba el mundo y el espacio, en un universo perdido, acabado, perfecto universo en perfecta armonía con la destrucción que todos llevamos dentro.
Grandes esperanzas para una vida sin esperanza. Momentos perdidos, siempre perdidos, porque el corazón no puede hacer lo que la cabeza quiere, y la cabeza, esa enorme mentira, piensa que no existe y de no existir queda callada, olvidada en un rincón, como pobre artefacto en desuso, almacenado en su embalaje.
Todos hemos pasado por hechos parecidos, todos hemos sido castigados por nuestra impericia, por nuestro atrevimiento, hemos construido sueños sin importancia y hemos pretendido darles realidad, pero la realidad se empeña en caminar por su propia vía, por una vía que no nos conviene, que no conviene a casi nadie, quizá sólo a los que quieren perder, pero pocas personas quieren perder realmente.
Pero él era un trabajador nato, una de esas personas que se esfuerzan constantemente para demostrarse, día a día, minuto a minuto, que merecen la oportunidad que se les ha ofrecido, y Carlos se la merecía más que cualquier otra persona que conozco, más que yo que, por supuesto, no había hecho nada en mi vida para ganarme la suerte que tenía.
La suerte suele ser muy poco considerada con sus hijos, suele buscarse a los peores para favorecerlos, como una madre que considera que el hijo bueno y trabajador ya tiene bastante con ser como es y sed vuelca en el que se dedica a parasitar y vivir de su historia, por todo eso resulta que, al final, parece como su fuera mejor ser un vago y un inútil, pues de esa manera se puede obtener mayores beneficios.
Carlos, como todos los que saben lo que quieren y tiene el valor y la fuerza de buscarlo, estaba en los albores de su triunfo, de ese triunfo particular y sordo que nos lleva a aceptar la vida como un juego, un juego al que hemos cogido las reglas y no nos resulta tan complicado jugar.
Es bien cierto que el triunfo de Carlos no era el triunfo, con mayúsculas, que todos creemos derecho a tener, ese triunfo, si se le puede considerar así, pues en el fondo no es más que una consideración social mal repartida, está vedado a unos pocos que tienen los contactos y las facultades necesarias para ser diferentes. El triunfo de Carlos era el triunfo de la constancia, el triunfo del luchador que, día a día, sordamente, se construye un pequeño escondrijo que puede considerar suyo y que le permite vivir de una forma común, sin presiones, sin preocupaciones excesivas, era el triunfo de la clase media.
Llega un momento en que una persona acaba deseando una vida de hogar, aunque en algún momento fuimos tan progresistas que quisimos vivir una vida diferente, una vida llena de emociones y sueños. Es en ese momento cuando el triunfo puede llegar, porque es ése el único triunfo que nos va a permitir la existencia.
Hay que agradecer que este tipo de triunfo exista, al menos es algo con lo que podemos contar la mayoría de las personas que poblamos esta aldea agrandada y despiadada, porque el otro, ese es un cuento para niños en noche de tormenta.
Desde esta perspectiva, la perspectiva del logro de los objetivos, el trabajo de Carlos era duro, demasiado duro, pero él lo hacía con gusto. Tenía que preparar bodas, comuniones y bautizos –sí bautizos, cada vez se hacen más reportajes sobre ellos, no me explico porque- ; iba a casa de la novia, le hacía fotografías, después en la iglesia y por último en el banquete, intentaba cubrir algo casi todos los días hábiles para estos eventos (viernes, sábados y domingos), después se iba directamente a revelar el material y preparaba el álbum para entregarlo al día siguiente, no importaba lo tarde que fuera la boda –había bodas que duraban hasta las dos y media o tres de la madrugada.
Esto tenía una explicación bastante lógica, todos los profesionales de la fotografía de ceremonias de este tipo saben que si no se coge a los novios y familiares en el momento más caliente, el día siguiente o el posterior, a más tardar, las ventas se resienten sensiblemente, sobre todo si los novios han vuelto de su viaje y resulta que se dan cuenta de la enormidad de los gastos que han tenido.
Así, finalizada la sesión de fotos, el revelado le llevaba unas dos horas, después descansaba un poco y al día siguiente, aunque fuera domingo, se dirigía al domicilio de la persona señalada como responsable de las fotos, el de los mismos novios, ahora feliz pareja, o el de los padres de alguno de ellos, incluso a horas tempranas –llegó a ir a las seis de la mañana porque los cónyuges debían salir muy temprano para el aeropuerto.
Cualquiera puede pensar que se estaba engañando a los novios, a la pareja, pero no era así, todos queremos recordar los momentos importantes de nuestra vida, pero también estamos condenados a vivir en una sociedad de recursos limitados, así que al profesional que ofrecía sueños sólo le quedaba la posibilidad de ser un poco más rápido que los bancos y las deudas, único medio de conseguir alimentar sus ilusiones y la de los demás.
No debemos ser demasiado hipócritas, todos hemos buscado la mejor forma de “engañar” sin engañar, mostrando los beneficios reales sin entrar en otras consideraciones, y Carlos se gastaba su buen dinero en el revelado y en el material, por ello necesitaba tener un poco de picardía.
Hasta aquí su trabajo normal, pero un fotógrafo de sus características no podía dedicarse sólo a estos eventos, sobre todo porque muy poca gente se casa entre semana y porque hay fechas donde las bodas se reducen. Por eso por las mañanas se dedicaba a temas menos románticos, de esta forma hacía fotos para empresas constructoras –edificios para la venta, permisos,…- catálogos para empresas de producción o de servicios, álbumes para chicas que querían ser modelos, incluso se dedicaba en algunos momentos a las revistas del corazón, cuando alguien le daba un buen soplo, claro está.
No importaba nada lo que fuera, siempre que se necesitaba su presencia allí estaba Carlos con su bolsa y sus cámaras, llenando de imágenes los negativos, alcanzando la perfección en su trabajo a través de la práctica, única forma de llegar a hacer las cosas medianamente bien.
Con todo ese trabajo sacaba su dinero, el suficiente como para alquilar un apartamento pequeño y amueblarlo parcamente, el suficiente como para mantener de una forma digna a la extraña familia que pretendía formar, e incluso ahorrar un poco de dinero, algo que no hubiera soñado en ningún momento hacía unos meses.
En cuanto a la infraestructura, al principio trabajaba con un amigo que le proporcionaba la máquina de revelado a un buen precio, pero con el tiempo pudo hacerse con un pequeño local donde colocar su material y adquirir a través de un leasing una máquina de revelar de esas prácticamente automáticas, aunque siempre procuraba participar él activamente en el revelado para dar mayor calidad a sus clientes.
Lo tenía todo pensado, sabía lo que debía hacer y como tenía que hacerlo, había aprendido de los mejores, de todos aquellos que habían logrado salir de la nada, con un puñado de billetes y una ilusión, y él no iba a ser menos, nuca lo sería.
Era la voluntad, voluntad absoluta, voluntad férrea, una voluntad que llenaba su mundo desde la mañana hasta la noche, porque no se podía permitir el lujo de perder unos instantes de su sueño por la necesidad de dormir, por eso seguía y seguía, sabía hacia donde iba, sabía lo que necesitaba, lo que quería, y sabía que lo podía conseguir.
Así pues era perfectamente factible que en la vida de Carlos el éxito entrara por la puerta y pudiera cumplir sus sueños. Ya no había nada que le pudiera impedir tener un trozo de lo que deseaba, no demasiado, no hay que ser egoísta, sólo una pequeña porción de felicidad donde meter la nariz cuando el mundo se ponía demasiado duro.

Empresario por necesidad.

Seguir un camino resulta complicado, pero es eso o morir de horror al darte cuenta que has sido eliminado por los que más odias.
Pronto habrá noticias de mi proyecto para una nueva forma de conocer el mundo.

Nuevos conceptos en una nueva sociedad.

Resulta curioso que a estas alturas me convierta en un empresario, un editor de revistas y libros, y un investigador de la verdad desde la razón.
Hoy estamos de felicitaciones, porque pronto surgirá el proyecto de una nueva forma de entender la magia y los conceptos antiguos.
Seguiré informando, pero el camino del Necronomicón es una vía que te lleva muy facilmente.

Cristianos no cristianos I. El primer maestro de la sabiduría.

Lo anterior nos obliga a establecer una serie de concreciones respecto al cristianismo.

EL PRIMER MAESTRO DE LA SABIDURÍA.

 

Lagash fue un estado situado en la zona sur de lo que un día fuera Sumer, donde gobernó una dinastía de reyes que lo convirtieron en el centro político y militar del país durante el tercer milenio antes de nuestra Era. Pero como ya dijimos que toda nación tiene su final;.la estrella de Lagash se apagó durante el reinado de Urukagina, el octavo rey de aquella dinastía. Hacia 2360 antes de nuestra Era, Urukagina sufrió una derrota militar que terminó con su poder y con el del estado que gobernó con verdadera sabiduría, después de liberarlo del poder del partido clerical que lo había oprimido durante mucho tiempo, porque ya en el tiempo de la primera civilización surgida en la tierra, la de Sumer, los sacerdotes habían conseguido un poder prácticamente ilimitado al que nadie ponía veto, hasta que se formó un partido legitimista anticlerical que elevó a Urukagina al trono de Lagash[1]

 

 Los documentos de Nippur aseguran que: «liberó a las gentes de Lagash de la sequía, del robo y del asesinato, introdujo la libertad y estableció que el poderoso no debía de abusar del pobre, de las viudas ni de los huérfanos» porque Urukagina suprimió derechos, cortó de raíz el exceso de ganancias y puso fin a la arbitrariedad, a la injusticia ya la explotación, es decir, llevó a cabo la primera reforma social de la Historia[2].


[1] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 81.

[2] Ibidem., pág. 83.

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