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Archivo para Septiembre 2008
Historias Reales XV.
23. Septiembre 2008 by admin.
Poquísimos hombres son capaces de persuadirse de la existencia de una cosa que nunca han de poder ver, tocar, sentir, oír, conocer ni comprender; así que, en vez de la nada, que creerían que les proponíamos si les dijésemos hasta qué punto lo ignoramos todo, les ofrecemos como guías ciertas apariencias de voluntad, que hemos creído discernir en las tinieblas de la duración y el espacio[1].
Sabemos que la principal controversia de la Iglesia en sus primeros tiempos fue desprenderse del judaísmo, cuando este empezó a convertirse en un lastre que le impedía arrancar hacia el universo gentil. Ya dijimos que el judaísmo contiene normas restrictivas que impiden la convivencia con gentiles. Pero también sabemos que los primeros cristianos fueron judíos y que el cristianismo fue una secta judía hasta que consiguió despegar e independizarse del judaísmo. Y sabemos asimismo que los cristianos se reunieron en sinagogas cuando las había y en catacumbas o cementerios cuando no las había, porque la primera iglesia cristiana se construyó en 256, en lo que hoyes Armenia. Si no hubieran sido judíos, mal hubieran podido reunirse en sinagogas. Aunque también hubo comunidades gentiles que se reunían en asambleas, gentiles que profesaban una religión judaica, pero liberados de rituales incómodos como la circuncisión o la dieta. De hecho, los cristianos estuvieron adorando a Cristo el día sagrado judío, el sabbath, al menos hasta el año 150 en que Justino cuenta que le adoraron en el día del Sol, que es el domingo[2].
Desde finales del siglo XIX lo sagrado[3] viene siendo la categoría con la que se intenta expresar los rasgos comunes a las distintas religiones o, mejor, el difícilmente definible “aire de familia” que comparten[4].
Estamos acostumbrados a hablar de «cristianismo», en slngular, cuando nos referimos a la religión dominante en el hemisfeno occidental. Sin embargo, sería mucho más apropiado utilizar este vocablo en plural, «cristianismos», tanto en nuestro tiempo como en la Antigüedad. Según estimaciones competentes, existen en el día de hoy más de quinientas confesiones y denominaciones cristianas, y todas creen ser fieles seguidoras del mensaje de Jesús. No tan numeroso como hoy día, pero sí ‘en mayor proporción de lo que creemas o imaginamos, el «cristianismo» antiguo era también muy variando. , Nos cuentan los Hechos de los Apóstoles en su capítulo 6 que nada mas iniciarse la andadura de los seguidores de Jesús hubo una notable división en la comunidad cristiana de Jerusalén -la única que había por el momento-, que partió al grupo de creyentes en dos mitades desiguales: los “hebreos”, judíos cristianos que habían nacido en Israel y cuya lengua materna era el arameo, y los helenistas, judíos cristianos, normalmente nacidos fuera de Israel, que se habían trasladado a vivir aJerusalén, y cuya lengua materna era el griego. La división fue, muy fuerte, tanto en el terreno de las ideas como en el social, y tuvo enormes consecuencias para el futuro. Cuando el.cristianismo se asentó suticientemente ·en el lmperio romano -unos doscientos años después de la muerte de Jesús-, un observador imparcial que se paseara entre los cristianos podría comtatar entre ellos una gran umdad, cierto, pero también la exitencia de bastantes grupos diferentes al ortodoxo o mayoritario. A. vista de pajaro, serían más o menos los siguientes[5]:
1.- Cristianos que negaban que Jesús fuera Dios: ebionitas[6], nazarenos.
2.- · Cristianos que negaban a Pablo de Tarso[7] y su doctrina, al que lenominaban falso profeta y traidor a Jesús y a la ley de Moisés: el grupo que está detrás de la literatura pseudoclementina.
3.- · Cristianismos proféticos en los que la comunidad era regida no esbíteros, ·sino por profetas: montanistas y gnósticos[8] del siglo ll.
4.- · Cristianismos que negaban la validez, la verdad o la inerrancia e las Escnturas sagradas: Marción, pseudoclementinas, cIertos pósticos testimoniados sobre todo en los textos de Nag Hamnadi.
5.- · Cristianismos que negaban la encarnación verdadera de Jesús: docetas, grupos que están detrás de los Hechos Apócrifos de los Apostoles.
6.- · Cristianos que negaban la resurrección futura: grupos que apaea mencIonados en Pablo[9] (1 Corintios) y en las Epístolas Pastorales.
7.- Cristianos que promocionaban la independencia de las mujeres: grupos representados por el Evangelio de María Magdalena o por los Hechos Apócrifos de los Apóstoles.
8.- · Cristianismos que negaban el cuerpo y el mundo, es decir, que promovían un ascetismo extremo, y que se manifestaban totalnte contrarios a la vida sexual y al matrimonio. Grupos representados por el Evangelio de los Egipcios, la Epístola del pseudo Tito, los Hechos apócrifos de los Apóstoles.
9.- Cristianismos que promocionaban una vida libre e incluso libertina: gnosticos libertinos (los fibionitas[10]); los carpocraciacianos mencionados por Clemente de Alejandría.
[1] M. MAETERLINCK, El gran secreto. Inquietudes filosóficas, Barcelona 2006, pág. 38.
[2] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 136.
[3] Ver, M. ELIADE, Lo sagrado y lo profano, Barcelona 1983.
[4] J. MARTÍN VELASCO, “Fenomenología de la religión”, en M. FRAIJÓ (ed.), Filosofía de la religión, Madrid 2005, pág. 68.
[5] A. PIÑERO, Los cristianismos derrotados, Madrid 2007, pág. 15 – 16.
[6] Ver, A. PIÑERO, Los cristianismos derrotados, Madrid 2007, pág. 74 ss.
[7] Cfr., P. RODRIGUEZ, Mentiras fundamentales de la Iglesia católica, Sabadell 2000, pág. 96 ss.
[8] Ver, J. ARIAS, Jesús, ese gran desconocido, Madrid 2007, pág. 151 ss.
[9] Ver, L. ANTEQUERA, El cristianismo desvelado, Madrid 2007, pág. 225 ss.
[10] Ver, A. PIÑERO, Los cristianismos derrotados, Madrid 2007, pág. 113 ss.
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Una Luz distinta 50.
8. Septiembre 2008 by admin.
Estoy hasta los “cojones” de mis compañeros de trabajo. Son los seres más despreciables y rastreros que existen en el mundo, lo más nauseabundo que hay en toda la faz de la tierra. Si por mi fuera los mataría a todos ahora mismo, sin contemplaciones, sin remordimientos. Su muerte supondría mi mayor placer.
A veces pienso, como soñando, en como voy destruyendo su inhumanidad uno a uno, disfrutando de mis instintos más básicos y rompiendo su resistencia, hundiendo mi daga de dolor en su alma. Mis esperanzas son acabar con todo y con todos y llenar de padecimiento su miserable espíritu.
Algo dentro de mí exige que llene mi saco con el aborrecimiento que siento por esos miserables que disfrutan destruyendo la poca humanidad y la poca paciencia que tengo. Son lo peor, lo que más odio, lo que más detesto, su existencia refuerza mi actitud hacia la humanidad.
Hoy he tenido que soportar varias nuevas humillaciones. Esas mujeres completamente “eficientes” que consideran que mis aportaciones no merecen la pena, que mi vida es un error, una estafa hacia la naturaleza de la condición humana, han conseguido, de nuevo, exasperarme.
Una de esas putas ha hecho todo lo posible por demostrarme que mi condición de “Técnico superior” es, simplemente, circunstancial, y que nada ni nadie va a evitar que mi tiempo de trabajo se convierta en un infierno sin la menor colaboración. Aquí cada uno sabe lo que no tiene que hacer, pero nunca hay nadie que haga lo que debe hacer. Todo es muy bonito, pero nadie ayuda a nadie, todo el mundo pretende escapar de su realidad a base de mentir, de encañar, de ser un poco más pillo que los demás.
Ella me ha dicho, muy amigablemente, que lo único que puedo esperar de mi estancia en ese maldito lugar es luchar individualmente por mi mismo, sin la menor posibilidad de éxito, intentando encontrar un hueco para mi y para mis ideas.
Obviamente tengo perfectamente claro que para todo este grupo informe de cuasiseres no valgo nada, ni siquiera el tiempo de una mirada, de un pensamiento. Mi condición de paria me resuelve más en mi intención de acabar con la hipocresía que supone continuar siendo vegetales podridos, ahítos de alimento y de autocomplacencia.
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La Encarnación del Poder VIII.
8. Septiembre 2008 by admin.
Sa´di cuenta en su Bustan, la siguiente historia en verso sobre Iblis[1]:
“No sé en que libro leí
que alguien vio a Iblis en un sueño.
Su aspesto era angelical como el de un majestuoso pino,
una luz como la del sol iluminadaba su rostro.
El soñador se acercó a él y exclamó:
¡Sorprendente!, ¿eres tú? ¡ningún ángel posee tal belleza!
Con un rostro así, bello como la luna,
¿por qué te conoce el mundo como un ser horrendo?
¿Por qué el pintor del destino, en el palacio del Rey, el mundo,
te ha dibujado un rostro tan sombrío, grotesco y repulsivo?”
Cuando el desdichado demonio escuchó estas palabras,
Gritando, exclamó entre sollozos:
“¡Oh, afortunado! ¿Este no es mi aspecto real!
¿Pero la pluma está en manos de mi enemigo!”.
Me ha parecido interesante comenzar la historia de Iblis con este poema, sobre todo porque es esencial comprender cual es la teoría de Iblis dentro del sufismo. Lo que a todo el mundo le parece ilógico es que un ser creado se enfrente a su creador por motivos extraños, sabiendo que nunca tendrá el poder para vencer al que está por encima de todo.
Ese concepto es el que no cuadra en ningún momento en la religión cristiana, el hecho de admitir que el Diablo, Satanás o quien quieras, creado por Dios, sabiendo que no puede vencer a su propio creador, sigue una lucha insostenible que no lleva a ninguna parte, porque el final parece claro.
Es, por lo tanto, obligatorio, entender que el sistema no cuadra desde el principio. Tenemos tres ideas claras:
1.- O es creado por Dios, y entonces sólo una actitud negativa hacia Dios le aparta de él, pero no supone un enfrentamiento entre iguales y una lucha entre el bien y el mal.
2.- El Dios al que se enfrenta es el Demiurgo, y en ese sistema estan igualados, por lo que se puede permitir el lujo de luchar.
3.- Existe un dualismo, bien / mal, donde los dioses están en las mismas circunstancias y cada uno tiene un poder similar.
Lo que nos lleva, al fondo de la cuestión. Tal como acontece dentro del propio sistema interior del hombre, existe una doble opción de vida, elegir una vía moral general y determinada por otros, o una propia, y dentro de ello una vía para el bien relativo y otra para el mal relativo. Es aquí donde debemos elegir.
Por encima de cualquier otra consideración, el ser humano, desde el punto de vista del pensamiento antiguo (helenístico) era un individuo de una especie sin compromisos éticos con sus semejantes, viviendo una sociedad radicalmente individualizada[2].
Esta idea, que se contrapone con la ética social del cristianismo, que nos lleva a pensar en los demás antes que en nosotros, es la idea básica de cualquier sociedad que contemple al hombre como el fin y la esencia. Ningún hombre que pierde la condición de tal y acaba siendo esclavizado por la cultura de la sumisión, puede alcanzar una libertad suficiente como para ser capaz de vivir su vida con dignidad y poder seguir existiendo sin necesidad de someterse.
No queremos seguir viviendo en una situación en la que nos obligan a trabajar para los demás sin que los demás se dignen trabajar para nosotros, colocándonos en posición de esclavitud o de sumisión. Aceptamos la moral del otro, de la ayuda, y acabamos sin anda, sólo dando, nunca recibiendo, nunca siendo, nunca vivos. Eso no es el sistema que queremos los que vemos en nuestra existencia algo importante, tan importante como la existencia del resto de los hombres.
[1] J. NURBAKHHSH, El gran Satán. Una visión sufí del ángel caido, Madrid 2006, pág. 15 – 16.
[2] F. SUÁREZ BILBAO, De Jerusalén a Roma. La historia del judaísmo al cristianismo (de 272 a. C. A 392 d. C.), Barcelona 2006, pág. 22.
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Extraña obtención.
8. Septiembre 2008 by admin.
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Cuentas pendientes.
8. Septiembre 2008 by admin.
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¿Y sí Dios está muerto? VII.5.
8. Septiembre 2008 by admin.
En ese caso concreto mi misión sólo fue convencer a Carlos de la necesidad de tratamiento constante, aunque ese tratamiento fuera doloroso, cosa que fue muy sencilla después de haber visto lo maravillosa que estaba Marisa después de pasar por la clínica, y así terminó la soledad de ambos y comenzó una pareja.
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Los Paraisos Perdidos IX.
8. Septiembre 2008 by admin.
Su cerebro había dejado escapar a la bestia, a aquel ser que todos pensamos que no tenemos en nuestro interior, pero que es parte de nosotros, tanto que ni siquiera somos capaces de aceptar nuestra condición y negamos, constante y reiteradamente, la misma. Somos como Pedro ante su condición de seguidor de Cristo, porque no aceptamos nuestra esencia sin poder comprender el motivo.
La excitación era tan fuerte que su mente soñaba con hermosas mujeres plenas de pecho, convertidas en amantes solícitas en virtud de un hermoso estipendio, un poco de dinero y mucha humillación.
El sentimiento de poder, la fuerza que supone el tener de suficiente dinero como para disponer de una mujer era una situación tan excitante como el mismo acto al que se veían sometidas esas mujeres. El dominio formaba parte del deseo, de la sensación de hacer algo diferente, casi prohibido.
Él no tenía pareja, por eso no existía ninguna persona a la que engañar, pero sentía que la relación que iba a tener era sucia, tan sucia como el mismo mundo, por ello notaba su pene lleno de sangre bajo su pantalón cuando pensaba en todo lo que suponía lo que estaba haciendo.
Pensaba en cuerpos desnudos, recordaba todo lo que había visto en la pantalla del ordenador, seres llenos de sensualidad, sexo en estado puro comprometiendo los esquemas de cualquier persona, porque nuestro héroe no había sido capaz de enfrentarse a relaciones sexuales como aquellas que había visto.
Llegó a una zona cercana a la playa del Arenal, donde mujeres de color ofrecían cuerpos semidesnudos esperando que el sucio dinero de los clientes que las poseían acaloradamente supusiera un alivio para su propia conciencia. Fernando, que no era una persona demasiado exigente, acabó llevando a su coche a una chica delgaducha y sonriente, que siempre había deseado estudiar, pero que no lo pudo hacer, porque el hambre podía sobre los sueños.
Era hermosa a su manera, a la manera de los que no tienen otra cosa que su propio cuerpo para comerciar con él. Fernando sentía una especial excitación al acariciar ese cuerpo tan pequeño y frío, tan frío como un témpano de hielo, un cuerpo que había perdido su humanidad a base de humillación y de dolor, un dolor que venía de su casa en un país lejano, demasiado lejano.
Durante unos instantes Fernando miró el cuerpo de la joven, un cuerpo que ni siquiera tenía la consideración de erótico, tan escaso de carne estaba. No necesitaba nada más que una serie de ranuras donde introducir el miembro del cliente, porque eso era lo único que se buscaba en una mujer en aquellos lugares donde se vendía la joven.
El sexo por el sexo necesitaba muy poco, demasiado poco. La cuestión era la actitud, la actitud y el estomago suficiente como para dejarse penetrar en cualquier parte, para tragarse el caliente esperma de los hombres, ese esperma que se convierte en la hiel de mujeres que no tienen más oportunidad que ceder.
Sin el mayor preámbulo ella se quitó las bragas, desabrochó los pantalones al su cliente y le sacó el pene, para, después de cuatro succiones contundentes y estudiadas, colocar el preservativo que impidiera cualquier contagio indeseado, pues nadie quería acabar muriendo por un simple polvo.
En ningún momento sintió Fernando excitación por realizar ese acto, ya que apenas podía concentrarse, pensando en lo bajo que había caído. Además, aquella mujer no le causaba sino una cierta lástima y un inusitado desdén, un sentimiento que bordeaba de forma peligrosa el desprecio más absoluto.
Dejó a la muchacha en su lugar de trabajo, agradeciéndole sus esfuerzos, y buscó otra compañía, algo más cara, pero, se suponía, de mayor calidad. Así las cosas decidió entrar en un club de esos que parecen tan interesantes para los hombres que intentan mantener la emoción de la vida.
Eso fue, precisamente, lo que sintió Fernando cuando entró en el local, una emoción incontenible, porque, por primera vez en su vida, estaba haciendo algo que la moral le establecía que era pecado, y que todos, con la boca más o menos pequeña, decían que no merecía la pena.
Nada más entrar y sentarse en un taburete pidió una bebida de alto contenido alcohólico, acompañada, claro está, con coca cola, algo que hacía un poco más dulce ese mejunje que resultó increíblemente caro. Inmediatamente después una chica joven, atractiva y con grandes y hermosos pechos que se insinuaban bajo un vestido transparente se sentó a su lado y comenzó a conversar con él.
Resulta curioso la capacidad de estas mujeres para entrar en conversación con personas que ni siquiera conocen, porque ellas son las que conducen al cliente al lugar que quieren, porque ellas son, de verdad, las que controlan la situación en todo momento, sobre todo con Fernando, agobiado por la culpa que tanto había asumido a lo largo de su turbadora y triste vida.
Aquella chica consiguió que nuestro protagonista acabara acompañándola a una de las habitaciones, el lugar donde podía dejar escapar sus instintos sexuales de una forma más cómoda que un triste coche. Allí si que pudo disfrutar Fernando del verdadero sexo, de un sexo que jamás había soñado que pudiera existir.
Las pobres experiencias del hombre habían sido escarceos ocasionales con compañeras de facultad y amigas de Valencia, sin que una verdadera profesional dedicara su tiempo a alguien como él. Pero aquella chica sabía lo que tenía que hacer y el modo de despertar el placer en el cuerpo de los hombres, algo de agradecer por una persona que, como él, no tenía demasiada experiencia.
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Historias reales XIV.
8. Septiembre 2008 by admin.
En la religión mitraica[1], que primero fue hindú, luego persa y finalmente fue adoptada por Roma como religión oficial, Mitra, que originalmente fue el ministro principal del dios Ormuz, venció al toro que simbolizaba la vida, le arrastró a una cueva y allí le degolló para beber su sangre, porque de su sangre surgió la vida y de su carne se originaron todos los animales y todas las plantas. Por eso, Mitra se convirtió en creador del universo y, al mismo tiempo, en mediador entre Ormuz y el ser humano. Un mediador, un demiurgo era lo que necesitaba la Humanidad para entenderse con el dios todopoderoso, para que fuera su abogado a la hora de rendir cuentas ya la hora de suplicar. Por eso, los ritos de la iniciación en los misterios de Mitra incluían bautizar al neófito, pero bautizarle con sangre de un toro sacrificado en un lugar más elevado, de donde la sangre manaba para bañar al iniciado. La iniciación comenzaba, pues, con el bautismo y terminaba con la comunión en la que se consumía la carne del toro con agua, pan y vino. El pan y el vino se consagraban previamente con una fórmula mística que los convertiría en cuerpo y sangre del dios[2].
Todas las religiones evolucionan y experimentan cambios. Si no lo hacen, se vuelven obsoletas. La mayoría de los budistas consideraron la bhakti (devoción) como una realidad extraordinariamente valiosa y experimentaron que les recordaba algunas verdades esenciales que corrían el peligro de perderse. Recuérdese que cuando Buda alcanzó la iluminación estuvo tentado de guardársela para sí mismo, pero su compasión hacia la humanidad doliente lo impulsó a dedicar los siguientes cuarenta años de su vida a predicar el Camino. Sin embargo, parecía que durante el siglo I AEC los monjes budistas que se encerraban en sus monasterios para intentar alcanzar su propio nirvana habían perdido de vista aquella realidad. El ideal monástico era también desalentador y muchos pensaron que quedaba muy lejos de ellos. Durante el siglo I EC surgió un nuevo tipo de héroe budista: el bodhisattva, que seguía el ejemplo de Buda y renunciaba a su propio nirvana, sacrificándose por el pueblo. Estaba dispusto a soportar un nuevo nacimiento a fin de rescatar a los que sufrían[3].
Dioses crucificados[4] son Prometeo, Licurgo, Marsias, Dioniso… Las comunidades de Dioniso adoraron a su dios en la cruz, como consta antes de la era cristiana, sobre un altar con vasos de vino. Según el teólogo Hermann Raschke la crucifixión de Jesús es tan sólo una forma desarrollada de la crucifixión de Dioniso. Aun cuando es posible que también hubieran influido otras tradiciones, se puede resumir con Raschke que: «Dioniso cabalga a lomos de un asno» -el asno es en Dioniso, como más tarde ocurre con el Jesús bíblico, el animal de la paz- «Dioniso en barco y como el señor del mar, Dioniso y las higueras secas, Dioniso y la vid, el escarnio y el sufrimiento de Dioniso, cuya carne será comida y su sangre bebida, el Orfeo báquico en la Cruz; se hace necesaria esta alusión pasajera para reconocer la huella permanente de los motivos míticos de Dioniso en la narración evangélica». En parte, hasta los detalles más nimios ocurridos en la muerte de las divinidades paganas, se repiten en la muerte de Jesús. Así Marduc, la divinidad más valorada de Babilonia, considerado como el creador del mundo, el dios de la sabiduría, de la medicina, ser mágico, salvador enviado por el padre, resucitador de muertos, señor de los señores y buen pastor, es apresado, interrogado, condenado a muerte, flagelado, ejecutado como un criminal mientras otro quedaba en libertad (y una mujer le limpió la sangre del corazón que le manó de una herida de lanza). En la muerte de César, el pueblo ateniense le loó como salvador, el pueblo romano creía de forma generalizada que fue llevado al cielo y hecho dios, el sol se oscureció y aparecieron las tinieblas, la tierra estalló y los muertos regresaron a la superficie. Heracles, hacia el 500 antes de Cristo, como hijo de dios e intermediario de los hombres, honrado en la época de Jesús como salvador del mundo, es ensalzado por el padre dios por sus obras y al morir encomendó su espíritu: «Acepta, te ruego, mi espíritu… Mirad, mi padre me llama y abre el cielo. Voy, padre, voy». En el Evangelio de Lucas se dice más tarde: «Entonces Jesús gritó con voz fuerte las palabras: ¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!»[5].
Los Textos de las Pirámides señalan que Osiris ofrece su cuerpo como pan de vida y su sangre como vino: «Tú eres el padre y la madre de los hombres que viven de tu soplo, comen la carne de tu cuerpo y beben tu sangre. El que come tu carne y bebe tu sangre vivirá eternamente»[6].
Según Massey, Horus en Egipto era representado en ocasiones (desde tiempos inmemoriales) Con el símbolo de un pescado (Ichthis) en la cabeza. Walker, por su parte, admite que dichos pescados pasaron a ser venerados en el Imperio Romano y, en consecuencia, fueron tomados por las autoridades cristianas como símbolo identificativo, a pesar de que su precedencia era el símbolo pagano de la fecundidad. Además, Walker indica lo siguiente: “De todos los dioses venerados al principio de la era cristiana, Osiris pudo haber contribuido con más detalles en el desarrollo de la figura de Jesús que ninguna otra divinidad. La divinidad egipcia fue llamada «Señor de señores», «Rey de reyes» y «Dios de dioses». Era la resurrección y la vida, el buen pastor y la eternidad. A los ojos de los egipcios, Osiris era el dios-hombre que sufrió y, muerto, se levantó, reinando en los cielos eternamente. Pero además su venida fue anunciada por tres sabios; las tres estrellas Mintaka, Anilamy y Alnitak, en la constelación de Orión en el este, Sirius (Sothis), significado de su nacimiento”. Osiris se convertía ciertamente en un Mesías prototípico y, al igual que en los ritos católicos, su carne era ingerida simbólicamente bajo la forma de tortas de trigo, «la planta de la comunión de la verdad», representación que puede verse en numerosos murales de los templos egipcios. Este culto ofreció un buen número de conceptos que pueden encontrarse en los versículos bíblicos, como el capítulo 23 de los Salmos, copia de un texto egipcio que abrogaba a Osiris el buen pastor para conducir a los difuntos a los «verdes pastos» de la tierra de «Nefer-Nefer», para restaurar el cuerpo y el alma y su posterior protección del «Valle de la Muerte» (el Tuat). Su liturgia estaba acompañada, a su vez, por rezos prefigurados en un himno: «Osiris-Amen», al comienzo, y proseguidos por: “O amen, O Amen, que está en el cielo”. Invocado finalmente el “Amen” al finalizar la oración. Demasiadas casualidades[7].
En este ambiente, la iglesia emergente tras su muerte se esforzó en distraer la atención de los feligreses no fuera a ser que advirtieran de dónde venían aquellas ideas del predicador de Galilea. Había que acicalar su figura y asolar los viejos templos, no fuera a atar cabos el personal y viera en aquel viaje a Egipto de la familia del Nazareno la raíz de su formación filosófica, religiosa, mágica y terapéutica[8].
[1] Ver, L. ANTEQUERA, El cristianismo desvelado, Madrid 2007, pág. 61 ss.
[2] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 77.
[3] K. ARMSTRONG, Una histoira de Dios, 4000 años de búsqueda en el judaísmo, el cristianismo y el islam, Barcelona 2006, pág. 121.
[4] Cfr., J. BLASCHKE, Jesucristo o la historia falsificada, Barcelona 2005, pág. 95 ss.
[5] K. DESCHNER, El credo falsificado, Navarra 2005, pág, 48 – 49.
[6] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 78.
[7] X MUSQUERA, El triunfo del paganismo, Madrid 2007, pág. 34 – 32.
[8] M. F. URRESTI, La vida secreta de Jesús de Nazaret, Madrid 2005, pág. 28.
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