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Archivo para Junio 2008
Historias Reales IX.
26. Junio 2008 by admin.
En Malaquías 4, 2, YHWH dice: «Pero para aquellos que teméis mi nombre el sol de la justicia se elevará con alas curativas». ¿Quién es este sol de la justicia con la curación en sus alas? Malaquías es el último libro del Antiguo Testamento y esta cita es una de las últimas del libro, que conduce directamente a la historia de Jesús que, de hecho, era llamado el «sol de la justicia» por los padres de la iglesia. El sol de la justicia de Malaquías que se eleva con alas curativas es, en realidad, la luz salvadora que acaba con la penumbra de la noche, la resurrección diaria del amanecer, yel nacimiento del sol de una nueva era, que se carnalizó e historizó en Jesucristo[1].
En un sentido un poco más moderno, podemos entrar en el mito solar del diós salvador[2], siendo el día señalado el 25 de diciembre, día del solsticio de invierno. En el calendario romano, el solsticio era el 25 de diciembre, fecha en la que Aureliano (en el año 274 antes de nuestra Era) estableció el día del nacimiento del Sol, que se celebraba en Roma durante las fiestas llamadas Saturnales. Al reformar el calendario, se trasladó al 21 de diciembre que es cuando actualmente celebramos la llegada del lnvierno. El equinoccio de primavera tiene lugar, también según el país, hacia el 25 de marzo, es decir, nueve meses antes del solsticio de invierno. Los mismos nueve meses que dura el desarrollo de un feto en el seno materno. Ese día se celebra la anunciación del nacimiento sagrado, la fiesta de la anunciación de la vitalidad de la tierra, la Pascua[3], el renacimiento agrícola. Los cristianos celebran la Anunciación del arcángel Gabriel a María y la encarnación de Jesús en su seno[4].
De esta forma, el nacimiento de Jesús se hizo coincidir con el nacimiento del nuevo Sol, teniendo todos los atributos propios de los viejos dioses solares[5].
El solsticio de invierno que en el mundo romano era el 25 de diciembre, el sol renace cuando parece que va a morir. En el equinocio de primavera, nueve meses ántes, la vida se renueva, la vitalidad se desborda y la fertilidad alcanza su punto más alto. Vamos, todo lo que quiere reflejar la Iglesia en sus ciclos de fiestas.
[1] ACHARYA S., La conspiración de Cristo, Madrid 2005, pág. 258 – 259.
[2] Ver, J. ARIAS, Jesús, ese gran desconocido, Madrid 2007, pág. 124 ss.
[3] Ver, L. ANTEQUERA, El cristianismo desvelado, Madrid 2007, pág. 46 ss.
[4] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 70 – 71.
[5] M. F. URRESTI, La vida secreta de Jesús de Nazaret, Madrid 2005, pág. 20.
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El principio.
25. Junio 2008 by admin.
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Los Paraisos Perdidos V.
25. Junio 2008 by admin.
Nuestro protagonista era un hombre que se había forjado a sí mismo, como todos. Su infancia se había desarrollado de forma anodina, del colegio a casa, de casa al colegio, pasando con algunos meses de vacaciones en Puebla de Farnals, un lugar que, en algún momento de su vida, fue suficientemente interesante, pero que, en la actualidad, era un lastre para su propio pensamiento.
Aquel lugar añorado, siempre añorado, le había dado tardes de lecturas inolvidables, mañanas de sol y playa, y noches de fantasía en un cine de verano que regalaba historia de dos en dos a todos los solitarios que buscaban un momento de paz en tan ajetreado mundo de diversión.
Vivir vidas de otros era lo más cómodo, por eso él se dedicaba a vivir vidas a pares, a disfrutar de existencias que no eran suyas porque la suya no era capaz de asumirla, porque la suya sólo era una mancha más en un lugar donde las manchas abundaban más que las propias cucarachas.
Para él era un mundo perfecto, tan perfecto como solitario, como interior. Sentía que con esa forma de vivir y de pensar nadie podría hacerle daño nunca, porque si nadie era capaz de alcanzar su yo más íntimo nadie podría romper lo que llevaba en su interior, aquello que siempre guardaba.
Su mundo era completamente rutinario. Un día, un verano cualquiera, se acercó a un grupo de conocidos para jugar con ellos, siendo todavía un niño. Jugaron a verdad o prenda, y él fue ignorado convenientemente por todos, no siendo preguntado en ningún momento por su vida, tan poco importante era para aquellas personillas, seres que sólo veían en él un ser incomprensible.
Aquello no le importó demasiado, no en vano se había acostumbrado a ser invisible para todos, porque esa era la única forma de mantener su vida en un equilibrio que apenas podía existir durante los largos veranos de la niñez y de la adolescencia, donde todos los días se alargaban más de 24 horas.
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¿Y sí Dios está muerto? VII.1
25. Junio 2008 by admin.
Era aquella una escena tiernamente esperada, pero también terrible, terrible por el hecho del estado físico en el que se encontraba Marisa, un estado de tal decrepitud que parecía a punto de morir, una muerte horrible para una vida horrible, uno de esos finales que tanto gustan a los moralistas, a esos que creen que la justicia existe.
Carlos intentaba compartir el dolor que ella sentía, buscaba el dolor de ella como si fuera su propio dolor, le era imprescindible que Marisa supiera que él también sufría, pero su sufrimiento no podía ser el mismo, su sufrimiento estaba mezclado con su forma de ser y con sus circunstancias, tal como nos ocurre a todos, mientras que para Marisa el sufrimiento era algo más real, más físico, a la vez que tenía que soportar los mismos dolores interiores que todos sentimos, que todos tenemos que asumir por el hecho de ser seres vivos.
Ella compartía el sentido, o sinsentido, de la existencia que todos buscamos, pero tenía un plus, como un regalo maravilloso que el destino reserva a los más afortunados, el plus del sufrimiento real, del dolor real, un regalo que no se puede rechazar, es algo obligatorio.
Nadie puede comprender lo que ella había padecido, y lo que estaba padeciendo, sólo la persona que sufre la infinita angustia del dolor sin barreras es capaz de comprenderlo, pero cada persona vive el dolor a su manera, por eso cada persona es única, por eso Marisa era única, inimitable, maravillosamente perfecta en cuanto a ser humano sufriente.
Me sentía agradecido por haber podido completar mi tarea, por haber podido ayudar a mi amigo, pero simultáneamente sentía que debía algo a mi amigo y a su “mujer”, debía algo a demasiada gente que había muerto y había sido olvidada sin ser tenida en cuenta, a esa gente inalcanzablemente cercana y lejana a la vez, gente que nos visita cada mañana en nuestra conciencia y a la que no dejamos entrar, temerosos de contaminarnos con su fracaso y convertirnos en lo que más tememos.
El fracaso de todos ellos es nuestro propio fracaso, nuestra propia infamia, por eso huimos, por eso nos negamos a contemplar lo que somos y no deseamos ser, personas sin apenas rostro, sin siquiera recuerdos.
Sentía en mi interior que todo lo que pudiera hacer o decir estaba de más, que no servía para nada, que había convertido mi vida en algo de lo más anodino, algo aburrido y rutinario, un lugar donde esconderme y dejar de pensar en los demás para centrarme en mi ombligo, para mirar mi envejecimiento con sumo cuidado sin interesarme por los demás.
En esos momentos creo que yo debía mucho a esa pareja, les debía el despertar de la conciencia, el despertar al dolor ajeno, aunque nunca puede compararse lo que siente el doliente con lo que sufre el que comparte el dolor, pero, por lo menos, era algo, un acercamiento al conocimiento mismo del sufrimiento, el acercamiento definitivo para una persona como yo, tan temerosa de la vida.
Ahora había pasado del más absoluto desprecio por los demás a formar parte de una colectividad, de la colectividad de los que comprenden el dolor, el abandono, la discriminación, yo era un negro rodeado de racistas, una mujer acosada por machistas, era todo aquello que temía, porque siempre tememos lo que no somos capaces de soportar.
Me había dado cuenta de lo cobarde que era, lo sabía desde niño, pero esa experiencia, una experiencia que, por otra parte, estaba muy lejos de ser mía, me había dado respuestas a preguntas que no me pude formular nunca porque no tenía el suficiente valor, un valor que Marisa tenía por todos, por Carlos, por mí, por los médicos que la trataban.
Ella era hermosa, tan hermosa como la mujer más cuidada, porque ella era real. Si algo era realmente hermoso era la vida misma, una vida que se aferraba a un cuerpo que se había empeñado en seguir hacia delante sin temer lo que pudiera suceder, un cuerpo que cuidaba de un espíritu que nunca rindió realmente su fuerza, un espíritu que volvía a resurgir, que luchaba, una y otra vez, porque ese espíritu debía permanecer vivo para que todos los que lo contemplábamos pudiéramos sentirnos un poco más felices, un poco más fuertes en nuestra debilidad.
Algo mágico había sucedido desde el momento en que ella había entrado en la vida de Carlos, algo tan real y tan ficticio como el amor, un amor difícil, un amor diferente, pero el único y verdadero amor, el que todos hemos deseado, anhelado, del que todos hemos huido despavoridos cuando nos hemos enfrentado a su presencia en nuestra vida, demasiado complicada para complicarla más con un sentimiento tan poco interesante, demasiado sencilla para entrar a jugar con fuego.
Al verme entrar ella me reconoció, aunque me había visto sólo unos minutos, tenía mucha memoria, aunque se viera afectada por la incidencia de la droga en su organismo. Con una mirada echó de la habitación a Carlos, algo que tenían preparado desde que se quedaron solos y pudieron hablar.
Ella había asumido el mando de la relación de una forma pasmosa, era el ser más fuerte que yo había visto, una persona con tal capacidad de liderazgo que era plenamente capaz de llevar a cuestas su relación con todo lo que eso significaba, con todo lo que siempre había significado. Carlos sólo necesitaba su fuerza.
- Gracias –fueron las únicas palabras que salieron de su boca, cansada de tanto luchar, muriendo por dentro a consecuencia de millones de organismos que intentaban robar su ser y por una sustancia que se aferraba a sus venas esperando más, siempre más.
No supe que decir, la tomé la mano, con el miedo del tonto al contagio, un contagio imposible, al menos en esos instantes fui lo suficientemente inteligente como para no ser como los demás, para mostrarme a mí mismo y a Marisa que ella era más importante que ese tonto terror.
Me parecía imposible ser tan miedoso, tener tanto temor a algo tan tonto como el contacto con otra persona, aunque esa persona tuviera SIDA. Comencé a comprender todos los perjuicios y todos los problemas que personas como Marisa tenían y tendrán a lo largo de su vida, yo era un ejemplo típico de miedo irracional, y lo peor de todo es que no podía evitar sentirme como me sentía, estaba en mi interior, me controlaba, me dominaba.
No obstante, había esperanza desde el momento en que un estúpido como yo era capaz de poder estar con una persona como ella y poner por delante del miedo el amor, el respeto, la consideración, ella era la mejor persona que había conocido, la más completa, merecía mucho más de lo que nunca tendría, por eso no podía dejar de cogerle la mano, no por el miedo al ridículo, por el miedo a no tenerla como amiga, como una amiga que no merecía.
Nos quedamos así unos minutos infinitos, minutos en los que sentí como la fuerza interior de ella pasaba a través de su mano a mi cuerpo de tal forma que me mejoraba y completaba, me hacía ser otro, otro diferente, otro que podía ser lo que siempre había deseado, al fin y al cabo ella era un ser con enorme fuerza y voluntad.
- Pedro –me dijo- quiero salir de esto, pero sé que me estoy muriendo – sus ojos eran un verdadero mar de conocimiento en esos instantes -, no creo que pueda hacer nada, incluso creo que Carlos no podrá soportar seguir conmigo. Estoy muerta.
- Eso no es cierto –dije yo con toda la convicción que pude encontrar en mi interior- ahora las cosas no son tan malas como antes, tus enfermedades se pueden tratar y tu tienes la voluntad suficiente como para salir de la droga.
Sus ojos miraron en mi interior, buscaron en mi alma la respuesta, y creo que en ella apareció algo que la gustó, algo que la dio esperanza, porque sonriendo dijo:
- Puede ser verdad, pero será duro, y no quiero que Carlos lo pase mal, no después de todo lo que ha sucedido.
- Tú lo que tienes que hacer es pensar en salir de todo, él ya se ocupará de sus problemas, es mucho más duro de lo que piensas, y ahora sé que os queréis.
- Yo también lo sé, pero no es bastante, nunca es bastante, no hasta que la vida sea otra cosa.
En esos momentos entró Carlos, incapaz de soportar estar mas tiempo sin Marisa, con la sonrisa de la felicidad dibujada en la cara. Ante su actuación Marisa y yo no tuvimos más remedio que reírnos, algo que descongestionó la habitación de forma notable.
Fue agradable ver como se querían, como estaban tan juntos que nada ni nadie podía separarlos, como se sostenían en sus dudas y en sus miedos, algo que siempre quise para mí, fue enormemente bonito haber podido contemplar ese mundo tan lejano de la gente “normal” como es el mundo del amor verdadero, del amor sin exigencias, porque en esos momentos, en esos precisos instantes, ambos sólo querían dar, necesitaban darse mutuamente, sin recibir nada, porque la entrega era para ellos más importante que cualquier regalo.
Yo, como parásito impenitente, no pude por menos que alimentarme de ese amor y recoger los frutos esparcidos por el aire como si de polen se tratara, respirando cada brizna de aire como si fuera el aire más puro y limpio de la tierra, un aire perdido por la humanidad hacía demasiado tiempo, aunque, de vez en cuando, se empeñaba en resucitar y mostrarse.
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El dinero cambia de manos.
25. Junio 2008 by admin.
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La encarnación del Poder VI.
25. Junio 2008 by admin.
Algunos otros aspectos del relato de los Evangelios revelan su naturaleza no histórica, incluyendo errores geográficos que ya se han mencionado, e incidentes tales como Jesús predicando en Galilea, que supuestamente ocurrió precisamente durante la época en que Herodes estaba construyendo la ciudad de Tiberiades. De este incidente, dice Dujardin[2]:
“Debemos advertir aquí la total falta de certeza histórica de los hechos y lugares de los Evangelios. Con los métodos de que se disponía entonces, no se construía una ciudad rápidamente, y el trabajo no se habría terminado en el 27 ni en el 30 d.C. Los escritores de los Evangelios no eran por lo tanto conscientes de que estaban situando la mayor parte de las ensefianzas de Jesús en un ambiente trastornado por la demolición y la reedificación.
Si los relatos son históricos, uno debe imaginarse los preceptos divinos entregados en medio de madererías, con el acompafiamiento del ruido de picas y piquetas, el rechinar de sierras, y los gritos de los trabajadores”[3].
El más moderno de todos los Evangelios, el de san Juan, agrega a los lntiguos milagros, dados a conocer en los primeros Evangelios, la milagrosa producción del vino en las bodas de Canaán; Juan llega hasta decir que un enfermo curado por Jesús había padecido durante treinta y ocho años, mientras que un ciego a quien había devuelto la vista lo era de nacimiento; en otras palabras, los milagros eran cada vez mayores. En el libro segundo de Moisés, leemos la historia de cuando Moisés hizo brotar agua de un roca en el desierto, a fin de dar de beber a los sedientos israelitas. Este milagro ya no era suficiente en el período cristiano. Sabemos, por la Primera epístola de san Pablo a los corintios, que la roca de la cual los judíos recibieron agua viajó con ellos por el desierto, a fm de que nunca les faltara agua -una roca surtidora nómada-. Particularmente groseros son los milagros que aparecen en los llamados Hechos del apóstol Pablo. En una competencia de milagros con el mago Simón, el apóstol restituye a la vida un arenque salado. Por otro lado, hechos perfectamente naturales eran considerados como milagrosos a los ojos de los hombres de aquellos días, evidencias de la intervención arbitraria de Dios en el curso de la naturaleza; no sólo en convalecencias y muertes, en victorias y derrotas, sino en diversiones de cada día, como apuestas, por ejemplo, se consideraba un milagro. “Cuando en una carrera de caballos, en Gaza, en la que competían los caballos de un piadoso cristiano y de un piadoso pagano, ‘Cristo derrotó a Mamas ” muchos paganos se hicieron bautizar.” Pero el suceso natural interpretado como un milagro no era siempre susceptible de una sola lectura. El afán de milagros y la credulidad popular asumían cada vez mayores proporciones, hasta que, finalmente, en el período de la mayor degradación, en los siglos IV y V, los monjes practicaban milagros que, comparados con los de Jesús, según se detallan en los Evangelios, estos últimos resultan de poca importancia. “Resultaba fácil persuadir, en una edad crédula, de que el más ligero capricho de un monje egipcio o sirio era suficiente para interrumpir las leyes eternas del universo. Los favoritos del cielo estaban acostumbrados a curar inveteradas enfermedades con un solo toque, una palabra o una frase distante, y para expulsar los más obstinados demonios delas almas, o de los cuerpos, de los que se hallaban poseídos. Ellos se acercaban familiarmente o mandaban imperiosamente a los leones y serpientes del desierto, hacían retoñar a un tronco completamente seco, hacían flotar el hierro sobre la superficie del agua, pasaban el Nilo sobre el lomo de un cocodrilo y se reftescaban en un horno incandescente.”[4].
[1] K. KAUTSKY, El cristianismo. Sus orígenes y fundamentos, Barcelona 2006, pág. 382.
[2] E. DUJARDIN, Ancient History of he God Jesus, 1938.
[3] ACHARYA S., La conspiración de Cristo, Madrid 2005, pág. 92.
[4] K. KAUTSKY, El cristianismo. Sus orígenes y fundamentos, Barcelona 2006, pág. 135 – 137.
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Una Luz distinta 46.
25. Junio 2008 by admin.
He pasado una tarde maravillosa con Margalida. Ha sido un día especialmente intenso, cargado de confidencias, de complicidades y, por supuesto de sexo, de hermoso y juvenil sexo. Mi querida Margalida es un volcán deseoso de explotar, y yo estoy ahí para contemplarlo. Es emocionante acariciar sus suaves muslos mientras contemplo como los capilares de su cara explotan en una tierna nube de color rojizo, para acabar estimulando su húmedo sexo mientras la erección llega indefectiblemente. Cuando estoy con ella me siento en el paraíso.
Apenas puedo soportar ya los momentos de espera. Necesito su presencia, su cuerpo es una adicción de la que no me puedo desenganchar, ha impregnado mi vida y mi alma y no podría soportar perder mi pequeño camino hacia la gloria.
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Historias reales VIII.
24. Junio 2008 by admin.
Para el cristianismo, la Navidad celebra el nacimiento de Jesús[1]. Sin embargo, esta fecha aniversaria fue situada en diversos momentos del año antes de que se la fijara el 25 de diciembre. En diferentes épocas y según las diversas religiones cristianas, la Navidad[2] se fijó el 6 de enero, el 25 de marzo, el 10 de abril o el 29 de mayo. La conmemoración del nacimiento de Cristo el 25 de diciembre fue el resultado de ciertas obligaciones a la vez estacionales y mitológicas[3] impuestas por las creencias paganas anteriores al cristianismo[4].
Ya antes de Jesús se presentaban y describían a otras divinidades (Zeus, Hermes, Dioniso) recostadas en un cesto sagrado o en una gruta en pañales. A Mitra le adoraron ya en su nacimiento los pastores, al que le llevaron las primicias de sus rebaños y de sus frutos. Y así como María parió al niño Jesús estando de camino, así también nacieron, con frecuencia, otros hijos de vírgenes huyendo o de camino. Así nació el divino hijo de Isis, que, dicho sea de paso, fue venerada mucho antes que María como «madre amantísima», «reina del cielo», «reina del mar», «expendedora de gracia», «salvadora», «sin mancha», «reina santa» y «madre dolorosa», se la mostraba con un manto azul adornado de estrellas con el hijo de Dios en brazos o en el pecho; y tuvo que transferir y abdicar en la madre de Jesús en el Concilio de Efeso del 431 sus títulos de «madre de Dios» y «paridora de Dios»; y se hizo a base de dinero y de soborno, dinero que el patriarca de Alejandría, el santo Cirilo, tuvo que ofrecer a distinta gente, desde altos funcionarios del estado, pasando por la mujer del prefecto de los pretorianos hasta llegar a eunucos influyentes ya doncellas de cámara; y aunque él era rico recibió prestado 100.000 monedas de oro. Y, a pesar de todo, no le bastó[5].
La historia del sol es la historia de Jesucristo[6]. El sol nace el 25 de diciembre, el cumpleaños de Jesucristo. El primero y más grande de los trabajos de Jesucristo es su victoria sobre la serpiente[7], el príncipe del mal, o el diablo. En su primer trabajo Hércules estranguló a la serpiente, igual que Krishna, Baco, etc. Esto es el sol triunfando sobre los poderes del infierno y la oscuridad; y, cuando crece, prevalece, hasta que es crucificado[8] en los cielos, o es atravesado en forma de cruz (según Justino Mártir) cuando pasa el ecuador en el equinoccio vernal[9].
[1] Ver, L. ANTEQUERA, El cristianismo desvelado, Madrid 2007, pág. 122 ss.
[2] Ver, J. ARIAS, Jesús, ese gran desconocido, Madrid 2007, pág. 54 ss.
[3] Ver, J. ARIAS, Jesús, ese gran desconocido, Madrid 2007, pág. 124 ss.
[4] P. WALTER, Mirología cristiana. Fiestas, ritos y mitos de la Edad Media, Buenos Aires 2004, pág. 59.
[5] K. DESCHNER, El credo falsificado, Navarra 2005, pág, 43.
[6] Ver, J. ARIAS, Jesús, ese gran desconocido, Madrid 2007, pág. 54 ss.
[7] Ver, J. BLASCHKE, Las mentiras del cristianismo. Contradicciones y falsedades de la Biblia, Barcelona 2006, pág. 156 ss.
[8] Cfr., J. BLASCHKE, Jesucristo o la historia falsificada, Barcelona 2005, pág. 95 ss.
[9] ACHARYA S., La conspiración de Cristo, Madrid 2005, pág. 258 – 259.
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Una Luz distinta 45.
19. Junio 2008 by admin.
Hoy me he encontrado con Pilar, la auxiliar que me trata de forma despreciable, que considera que soy un pequeño error en la humanidad, un misterio de la genética. En esos momentos no había nadie más en la oscura calle. Me he dado cuenta que al encontrarse sola ante mi presencia ha relentizado su paso, algo asustada. Eso me ha hecho sentir poderoso, ahora estaba en mis manos, nada ni nadie podía intervenir en mi actuación.
Al pasar a su lado todo se descontroló. Ella pretendía saludarme amablemente, demostrando una educación que nunca había tenido. Fue en ese pequeño instante cuando mi mente despertó. Todos mis músculos se aceleraron y mis sensaciones renacieron conscientes a mi nueva realidad.
En mi mente sonaba una extraña música, que pude identificar con una remezcla “dance” del tema central de la película “el último mohicano”. Mientras los acordes me dominaban, todo mi ser se movía con precisión milimétrica. Mi mano izquierda entró en el bolsillo de mi cazadora y sacó el cuchillo que siempre llevaba oculto, inmediatamente, sin que ni siquiera yo pudiera explicarlo perfectamente, corté de una forma radical y eficiente su asqueroso cuello de bruja. Ella no fue capaz de decir nada, simplemente acabó cayendo al suelo, perdida su dignidad, su condición de ser consciente, de ser humano, para convertirse en una carcasa cargada de rencor.
La venganza sabía bien, excelentemente bien. Fue el despertar al principio de mi nuevo pensamiento. Acabar con la vida sin valor se puede considerar una clara y justa medida terapéutica para la sociedad, y ese es el principio esencial para reconstruir el mundo, principio que supone la principal justificación de la muerte de esa pobre puta que se consideraba por encima de mi.
En mi casa me sentía vivo, plenamente consciente, poderoso. Por fin lo entendí, el mal está en los detalles, en los pequeños detalles, tal como reflejan Geralr L. Posner y John Ware. Era el final de la escapada, la escalera que conduce a la realidad. Al final he encontrado el mal, tan lejos y tan cerca, tan absolutamente simple como la propia existencia. Era tan real, tan claro, no podía entender como había tardado tanto en redescubrir todo lo que yo tenía en mi interior.
El final de los días estaba tan cerca que me genera una extraña desazón.
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La encarnación del Poder V.
19. Junio 2008 by admin.
¿Qué debemos esperar de la iglesia? Ese es el concepto esencial en los momentos de la venida del Anticristo. El señor revelador de la auténtica verdad, de la auténtica luz, el que nos identiicará cual es el lugar y cual es el tiempo del poder, el que nos indicará el lugar que nos corresponde.
Entrando de lleno en el estudio del mal dentro de las religiones; la religión de Zoroastro, el profeta de los persas, daba el nombre de Ahurä Mazdä la esencia del poder del conocimiento y la fuente de la luz, el bien, la rectitud, la santidad y la piedad, mientras que llamaba Ahriman a la fuente de la vileza, la villanía, la abominación, la oscuridad, la ignorancia y la crueldad. En las religiones semíticas (judaismos, cristianismo e islam), se redujo el poder conferido a Ahriman como ser independiente de Dios, y se lo consideró como una creación de Dios único, si bien una creación rebelde y desobediente que poseía un cierto grado de poder. Dios lo llamó Iblis. Los sufíes pensaron que este enfoque de Iblis no era coherente con la escuela de la Unicidad divina y con su credo de la Unidad del Ser. Este aparente rechazo de la idea semítica clásica daba la impresión de que los sufíes se oponían a la religión y este hecho les acarreó serios problemas. Para afirmar sus ideas sobre la Unicidad divida, los sufíes tubieron que buscar una explicación a la existencia de Iblis. Para ello, por un lado, rechazaron el concepto de mal absoluto, planteando que el mal es algo relativo, y por otro, afirmaron que el Dios único manifestaba tanto Cólera como Misericordia, aludiendo a ellas como La Majestad y La Belleza, y consideraron a Iblis como una de las manifestaciones de la Majestad de Dios[2]; así pudieron decir:
“Oh tú, que has escuchado que “de Él no viene mal alguno”,
esta es una alusión simbólica a que no hay ningún ser maligno.
Si se borra el orín del espejo de tu corazón,
una persona horrenda te parecerá bella como un ángel”[3].
Planteado de esa manera, el mal no es sino una forma de contemplar la realidad de forma relativa, en la que la acción adoptada no se ajusta a la perfección a una idea preconcebida del bien, pero que no supone, en ningún instante, una opción rechazada o rechazable, porque es una opción de la libertad del individuo, pues la historia de Iblis es una historia de verdadera opción, de la opción de cumplir con lo que es justo antes de dejarse abasallar por órdenes injustas y contradictorias.
[1] L. FANZAGA, Dies Irae. Los días del anticristo, Bilbao 2005, pág. 37.
[2] J. NURBAKHSH, El gran Satán. Una visión sufí del ángel caído, Madrid 2006, pág. 14 – 15.
[3] SABZEWÄRI.
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