Archivo para Febrero 2008

Espacio para la poesía.

Apareció el recuerdo del sueño encendido
caminando en momentos de nada,
la razón de mi estancia en el perdido verso
se acabó encontrando con la estancia apagada.
Manos unidas por músicas mágicas
de dolor fingido, que no propio,
para volver a pensar en los sinceros
alientos despedidos del olvido,
pues mi mente se pasa al acotado
camino del sincero enrarecido.

¿Y sí Dios está muerto? II.5.

Por supuesto ella intentó besarle el pene, al menos besárselo, pero él la apartó con dulzura, él no quería placer, no ese placer, él sólo la quería a ella, a su cara de niña asustada, sus ojos asombrados viendo como existían otros mundos, otras existencias aparte de la de prostituta, esa era la única realidad que quería conocer de su amada. En ningún momento él se planteó el infierno de ella, estaba demasiado inmerso en su propio infierno, en ese infierno que todos nos construimos, día a día, con cada ladrillo de incomprensión y de silencio, porque ese es el principal problema, el eterno silencio al que nos vemos empujados cada vez que intentamos ser diferentes. En ese silencio en el que siempre reptamos nada importa el papel asignado, prostituta, funcionario, lo importante es que no podemos ser lo que queremos ser, lo importante es que la felicidad no existe nada más que en manos de seres tan lejanos que ni tan siquiera somos capaces de imaginarlos, seres que, tal vez, ni tan siquiera existan.
Pero esos pensamientos eran demasiado complicados para ser expresados en voz alta, al menos delante de Marisa, aunque ella misma se sentía así demasiadas veces, tenía demasiados recuerdos asesinos, demasiados dolores sin expulsar de su cabeza, de su corazón. Al final todo era nada, todo era compañía, todo era conversación sin importancia, conversación que llenaba ese silencio que tanto miedo nos causa.
El mundo de dioses que hemos creado no sirve para nada porque ninguno de nosotros somos dioses, ni tan siquiera nos acercamos al concepto de dioses que hemos impuesto. Pero ese hombre se sentía feliz de poder ver a Marisa una hora cada cierto tiempo, eso era lo único que nos dejaba la vida posteriormente a pagar el precio del dolor.
Después de aquel hombre amable bajó, otra vez, buscando al siguiente cliente, a ese nuevo cliente incierto que podría ser el hombre más desagradable de la tierra o el mas amable, a ella apenas le importaba, todos buscaban lo mismo, entrar dentro de su cuerpo, placer por dinero.
Cuando aquel hombre le hizo señas para que se acercara, en esos instantes en los que una mujer como ella medía al hombre que le reclamaba, se dio cuenta que con él no sería lo mismo que con su anterior cliente. La cara de ese hombre estaba diciendo que quería pisotear a una mujer y que la única forma de sentir su superioridad, esa superioridad absoluta que sentía tener sobre las mujeres, era acostarse con una “puta” a la que poder humillar.
Sabía que esa cara significaba problemas, pero también sabía que un hombre como aquél podría armar un buen escándalo y llegar, incluso, a liar las cosas tanto que el dueño del Club podría acabar echándola, cosa que no quería, sobre todo porque una expulsión de un club era una mancha que luego costaría demasiado tiempo limpiar, los propietarios no querían nunca problemas y siempre lo pagaban las chicas.
En pocos segundos compuso su rostro y empezó a sonreír y acercarse al sujeto en cuestión, sabía lo que tenía que hacer, sólo debía poner un precio lo suficientemente alto como para que él dejara de buscarla y se concentrara en otra de las que allí estaban. Llegó a su lado y empezó a hablar:
- Mi amor, me buscabas –dijo ella intentando parecer algo interesada en aquel hombre.
- Claro que si “chocho” –dijo él demostrando a las claras la clase de persona que era, que siempre sería, con independencia de su interlocutor- busco unas buenas tetas y un buen culo para pasar un rato agradable, cuanto pides por una hora.
- Cuarenta mil –dijo ella esperando que dicha cantidad fuera lo suficientemente alta como para que se buscara otra puta a la que joder.
- Eres muy cara para ser una puta asquerosa en este antro, pero creo que podemos llegar a un acuerdo si me haces todo lo que quiero –al parecer él la estaba buscando a ella- si en la hora hacemos un griego y un “francés sin” te doy cincuenta.
Ella sabía que no debía aceptar, que él buscaba destrozarla, que no era una persona normal, que quería mucho más que acostarse con ella, pero cincuenta mil pesetas eran mucho dinero, demasiado para rechazarlo, aunque nunca le gustaba que la dieran por detrás y menos aún que un guarro como aquél se corriera en su boca. Tuvo que decidir en décimas de segundo:
- Vale cariño, pero no me voy a tragar tu “leche”, eso no entra en el trato.
- Vaya, parece que la “putita” es remilgada, no me importa que después que me corra te lo tragues o lo tires por ahí, lo que a mí me gusta es sentir tu lengua en mi nabo.
Después de aquello subieron al cuarto, él con esa sonrisa que tenía toda persona que alcanzaba su objetivo, ella con la sonrisa forzada de alguien que sabía que todo aquello no iba a acabar bien para ella, demasiado poco importante como para contar.
En la habitación todo fue peor de lo que ella nunca pudo imaginar. Él se sabía todo lo que un hombre podía saber de su mundo. Para empezar se negó a la acostumbrada limpieza en el bidé, quería ir directamente al grano, disfrutar desde ese mismo instante.
Ella comenzó a desnudarse mientras él la manoseaba por todas partes como si tuviera veinte manos mientras comentaba lo bien que se lo iba a pasar ella pues siempre dejaba satisfechas a las “putas” que se “tiraba”.
MARISA intentó la última salida que le quedaba, para ello le tumbó suavemente en la cama y empezó a “trabajar” el pene del cliente, de esa forma podría conseguir que este se corriera en su boca primero y así, tal vez, no tuviera que soportar que le “diera por culo”.
El sabor del pene de aquel hombre era amargo y sucio, demasiado sucio como para aguantar durante mucho tiempo aquella situación, por eso intentó concentrar toda su actuación en el glande, tenía la esperanza de poder hacerle acabar lo antes posible para poder escapar de aquella trampa en la que se había metido.
Él le dejaba hacer, hasta que llegó a su punto máximo de excitación, en ese momento le paró en seco atrayendo su cabeza hacia arriba, entonces la dijo:
- Espera, primero quiero metértela por el culo putón, ponte en pompa.
Marisa se dio cuenta que había sucedido lo peor, él iba a romperla de verdad, y no podía hacer nada, nunca podía hacer nada. Le colocó el preservativo con las manos y se arrodilló sobre la cama ofreciendo sus nalgas para que él pudiera hacer lo que pretendía, aunque previamente se había preparado con algo de vaselina para que la cosa no fuera peor.
Aquel hombre estaba dispuesto a pasarlo en grande a costa del dolor de la prostituta, por eso no tardó demasiado en “hincar” su pene de una forma bestial dentro del cuerpo de Marisa. Él sabía que a ella le estaba doliendo todo aquello, por eso disfrutaba mucho más, cada vez más. Estuvo a punto de acabar con los primeros empujones, consciente de su poder, pero concentró su pensamiento en otra cosa. Después la cogió apoyando sus manos en los hombros de Marisa y apretó todo lo que pudo, con la fuerza que da el odio hacia todas las mujeres en general y a las putas en particular.
Al final clavó sus dedos en la mujer mientras llegaba al orgasmo y eyaculaba en el preservativo. Aguantó todo lo que pudo dentro de Marisa, pero ella se tumbó completamente para sacar el pene de aquel hombre que sólo había buscado su dolor.
Después de un pequeño descanso en el que el hombre se tumbó sobre la cama y ella preparó el papel de cocina para el final, él dijo:
- Ahora te vas a comer el nabo como tu sabes hacerlo cacho guarra.
Marisa le miró a los ojos unos instantes para coger fuerzas e intentar olvidar el dolor que había sentido. Nunca podría acostumbrarse a lo que acababa de hacer, por mucho que Rigoberta le dijera que a todo se acostumbraba una, ella no era capaz de aceptar lo que tenía que hacer con esos clientes tan “especiales”.
Él esperaba, entre divertido e impaciente, que su instrumento de placer entrara en acción. Marisa comprendió que no podía retrasar más lo inevitable y se metió el pene flácido del hombre en la boca, aquel pene sabía diferente, la goma y el esperma le habían dado un sabor característico e indefinible, sobre todo al mezclarse con el sabor primigenio.
Con toda su sabiduría puesta en el empeño Marisa logró, no sin mucho esfuerzo, que el cliente se “corriera” en su boca. Él la tenía cogida por la cabeza y la aguantó más de lo que ella estaba dispuesta a admitir, por eso se soltó con un brusco y repentino movimiento de cabeza, sin mediar palabra cogió el papel de cocina que tenía preparado y escupió aquella pasta blanca y pegajosa que el hombre había expulsado de su sexo. Luego se levantó, fue al cuarto de baño e intentó enjuagarse la boca con agua para poder quitarse el sabor del semen del hombre, pero el sabor seguía ahí, siempre seguía ahí. Se sentía tan mal que no acompañó al cliente a la barra, le dejo vestirse y salir sin hablar, sin despedirse.
Cuando se quedó sola rebuscó en su bolso hasta que encontró la pequeña botella de “licor del polo” que siempre llevaba y se enjuagó con el producto hasta que el sabor del semen del hombre se hundió en el olvido, en un olvido prohibido para su propia mente.
Alcanzado el objetivo se sentó en la cama y esperó unos instantes hasta volver a controlar su universo, ese desquiciado universo al que le había condenado la pobreza y el hambre. A continuación arregló la cama lo mejor que pudo y bajó al trabajo, en esos instantes se dio cuenta que sólo tendría que hacer un par de servicios más para alcanzar lo presupuestado por ella aquella noche gracias al estúpido aquél.

Una Luz distinta 25.

15-2-02 Viernes.
Hoy he ido a la despedida de un compañero de trabajo. Se trasladaba a Madrid. Antes he intentado escribir un pequeño relato para regalárselo a Margalida pero no he podido acabarlo.
“Llevó a la muchacha bien cogida de la cintura para que no cayera. Ella estaba medio borracha, no sabía ni donde estaba ni hacia donde se dirigía, pero estaba con Pedro y sentía una especial seguridad que era incapaz de definir.
El se llamaba Pedro, se encontraba como invitado en la casa del pueblo de la familia de ella, Charo, en un perdido paraje de la provincia de Soria, El Royo. La conocía desde hacía dos años, dos años en los que había intentado infructuosamente conseguir algo de ella, pero Charo solo lo quería como amigo, un amigo demasiado bueno como para estropearlo con el amor.
Era la noche de la fiesta del pueblo, a mediados de agosto, aunque empezaba a hacer frío, algo a lo que no estaba acostumbrado Pedro, que pasaba los veranos en la costa de Levante.
Ella no se decidía a empezar una relación y él se comportaba de una manera respetuosa con la decisión de su amiga, pues sentía algo muy especial respecto a ella, algo muy cercano.
Por todo ello su viaje a aquel pueblo, convenientemente invitado por Charo, era una esperanza, algo a lo que agarrarse, una luz en el desierto de sombras y desesperanza que solía rodearle de forma cruel y despiadada.
Siempre había sido un muchacho responsable, completamente consciente de lo que estaba bien y lo que estaba mal, un típico “pringao” que no se atrevía a hacer nada que pudiera ensuciar su nombre, su reputación impoluta de generación prometedora, tan prometedora como aburrida.
En el Instituto se le respetaba y consideraba como una persona inteligente, por eso Charo, que no creía sentir nada por él, le había invitado a viajar al pueblo de sus ancestros, pues le consideraba, sobre todo, y, por encima de todo, un buen amigo.
No obstante algo había cambiado en Pedro, algo le había convertido en un ser diferente, extraño, peor, mucho peor, aunque hasta esos momentos nadie podría haber dicho que ese cambio había sucedido.
Fue en su Valencia, en el pequeño lugar de veraneo donde vegetaba todos los años. Cansado de ser lo que era se había dedicado a buscar en lugares donde no se debía entrar una confianza que nunca tuvo, que en ningún momento mereció tener.
Al poco tiempo unos extraños personajes entraron en su vida y le descubrieron un mundo que nunca pensó encontrar, que sólo creía posible en su imaginación, pero que cambió su forma de ver la vida, su forma de pensar, de sentir, de alcanzar la felicidad, una felicidad que, por otra parte, jamás había tenido.
Un culto interior despertó su corazón, muerto desde su nacimiento por el amargo sabor de la tradición y la religión a partes iguales, algo que había sucedido a demasiados buenos chicos.
Pero todo aquello había acabado, como acaba la calma y llega la tormenta, demostrando que el embravecido mar debe ser respetado, tanto más cuanto el amo del corazón siempre acaba ganando.
Era el camino mentiroso, un camino que no suponía nada, que nada lograba, que nada construía, pero la destrucción es un lugar común demasiado atrayente, demasiado satisfactorio, porque en el alma del hombre la destrucción y el mal son tan cercanos como la respiración.
Cansado de esperar una recompensa sin obtener nada tuvo que decidir robar su premio, pero nada se tiene sin contraprestación, en ningún momento.
Quería ser feliz, tener al alcance de la mano todas aquellas cosas que le habían prometido cuando, de niño, intentaba comprender las reglas de una sociedad empecinada en transformar la realidad en fantasía y la fantasía en realidad. En aquellos momentos casi todo se podía lograr con la suficiente constancia y la suficiente fuerza, pero todo aquello no era más que otra de las mentiras que se cuentan para convencer a los bobos y crédulos. Al final, todo se ceñía a la imposibilidad de obtener lo que uno deseaba en todo momento por los métodos normales.
Le enseñaron los mandamientos del poder, un poder enorme, un poder que no podía comprender, que ni siquiera quería comprender, pues él era su único amo, su único señor.

Ella era un hermoso cuerpo, un hermoso cuerpo y un espíritu sensible, que le amaba porque era diferente, alejado de los estándares normales. Él estaba lejos de muchos hombres comunes, pero eso le hacía mucho más peligroso.
Sus intenciones eran claras, no dejaban lugar a dudas. Cuando la tuvo en el lugar adecuado, en el momento adecuado, destrozó sus ropas sin encontrar resistencia, ella estaba demasiado borracha, borracha y absolutamente asustada.
Las manos frías del hombre recorrieron el cálido cuerpo de la joven, sintiendo el poder de la violencia dominar la situación. Era el control absoluto sobre el cuerpo de una persona, un control que iba mucho más allá de lo corporal, pues llegaba a la humillación psíquica que destruía cualquier posibilidad de esperanza. La fuerza por encima de cualquier fuerza, de cualquier posibilidad, de cualquier otra opción.
Entro brutalmente en su cuerpo, aún virgen, con una sensación de poder que no podía explicar, pero que nacía de un lugar muy oculto en su alma. Al mismo tiempo comenzó a recitar:
- Y el Señor Oscuro enjugará todas las lágrimas de sus ojos, pues El me ha dicho: “Yo soy Alfa y Omega, el principio y el fin. A aquel que esté sediento, Yo le daré en abundancia agua de la fuente de la vida”.
Se mantuvo unos pocos instantes en el cálido interior de la vagina de su pequeño juguete, notando el gesto de infinito dolor de ella al romper el simple himen que separaba a la niña de la mujer. Las sensaciones eran mucho más intensas de lo que hubiera podido imaginar. Se encontraba en el mejor momento de su vida, un momento en el que su pene controlaba todos los impulsos de su cuerpo y le volvían mucho más instintivo, mucho más libre.
Algo maravilloso estaba creciendo dentro de su espíritu, algo lleno de una verdad violenta y sucia, pero tan estupenda como cualquier otro tipo de verdad. En ningún momento intentó racionalizar lo que sentía, no era importante, sólo importaba la sensación misma que nacía de su propio pene.
Después salió lentamente y volvió a empujar su verga en el tembloroso cuerpo de Charo, mientras volvía a profanarla seguía hablando:
- “Yo soy Alfa y Omega, el principio y el fin. A aquel que éste sediento, Yo le daré en abundancia agua de la fuente de la vida”.
Todo aquello se estaba volviendo algo completamente maravilloso, por lo inesperado y por lo excitante de su situación. Su pene se comportaba como si tuviera vida propia, una vida especialmente dulce. Su sangre se concentraba de forma insospechadamente rápida en su órgano sexual, mientras que abandonaba el resto de su cuerpo, especialmente su cerebro, que olvidaba el motivo, el tiempo y el lugar.
El sexo individual nunca había sido tan agradable, tan completo. Estaba dentro de la mujer de su vida y sentía como si una pequeña y generosa mano controlara su miembro y le empujara al placer más oscuro y siniestro que pudo imaginar.
En la mente de Pedro una gran nube de extraño mal concentrado invadía el poco raciocinio que le quedaba. Empujó de nuevo:
- “Yo soy Alfa y Omega, el principio y el fin. A aquel que éste sediento, Yo le daré en abundancia agua de la fuente de la vida”.
Volvió a mantener su pene muy dentro, dejando que la sangre bombeara de forma poderosa e incontrolada. En ese momento nada importaba lo más mínimo, no se planteaba lo que pudiera sucederle después, no importaba el mañana, solo el ahora, sólo ese momento, un instante dentro de otro instante, en un infinito viaje que cual aporía de Zenón, nunca acababa, pues jamás se llegaba al final del camino.
El intenso placer le mareaba, le daba arcadas, pero, a la vez, le llenaba de un especial sentido de la vida, un sentido deformado por la falta de sangre en el cerebro, pero plenamente real, más real que cualquier otro pensamiento sobre la existencia que alguien hubiera tenido en este mundo.
Podía haber sido cualquiera, pero Charo era la víctima ideal para que uno disfrutase del pequeño poder que emanaba del acto mismo de la violación. Charo, con su blanco y terso cuerpo, apenas alcanzado por ningún hombre.
Había soñado durante años con penetrar en aquel inexpugnable castillo. Deseaba sentirse, por fin, hombre, el hombre, el amo de aquel tembloroso grupo de músculos hermosamente labrados sobre los huesos de su amada.
Soñaba que soñaba. Esperaba sentir lo que su mano le había regalado durante su primer acercamiento al sexo, eso y mucho más, infinitamente más, pues en esos instantes iba a poseer un verdadero cuerpo, un cuerpo de mujer en la plenitud.
Sus manos buscaban rincones apenas conocidos por su instinto, tan alejados de cualquier cosa que no fuera la propia esfera. Sabía que ella poseía el placer en su interior, por eso tenía que robarla, que extraer de su cuerpo el olor del sexo, ese olor entre penetrante y delicado que embarga la primera vez de cualquier persona.
En aquel momento todo parecía encajar de una forma deliciosa. Era como si el universo alcanzara el sentido que antes no tenía. Ahora conocía su destino, su motivo y su final, sabía su origen y su fin, su fin último, y se sentía especialmente halagado por ser él la persona elegida para acabar con todo.
Cerró los ojos para concentrar todos sus sentidos en su pene, pero imágenes le invadieron sorprendiendo su inconsciencia. Miró y vio un caballo blanco montado por un hombre con arco y corona, entonces abrió los ojos y vio la cara de Charo, o que le llenó de gozo, empujando de nuevo.
- “Yo soy Alfa y Omega, el principio y el fin. A aquel que éste sediento, Yo le daré en abundancia agua de la fuente de la vida”.
En su mente surgió una nueva imagen, en la que aparecía un caballo bermejo, montado por un ser con una gran espada, pero esa vez Pedro no se inmutó y continuó rompiendo el alma de la muchacha.
- “Yo soy Alfa y Omega, el principio y el fin. A aquel que éste sediento, Yo le daré en abundancia agua de la fuente de la vida”.
Luego vio un caballo negro montado por una figura con una balanza en la mano, si bien nada importaba en ese momento, aunque oyera una voz en su interior que decía “dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario, pero no dañes el aceite ni el vino”..
- “Yo soy Alfa y Omega, el principio y el fin. A aquel que éste sediento, Yo le daré en abundancia agua de la fuente de la vida”.
Cuando contempló el caballo amarillo, supo que la muerte seguía su camino, y sintió el placer del poder.
- “Yo soy Alfa y Omega, el principio y el fin. A aquel que éste sediento, Yo le daré en abundancia agua de la fuente de la vida”.

- Calicem voluptatis carnis accipian, et nomen Domini Inferi invocabo”.
No me he sentido demasiado satisfecho de lo realizado y he apartado el boceto para mejorarlo en otra ocasión. De todas formas no estoy demasiado desanimado por mi falta de concreción, he sufrido en muchas ocasiones tales problemas y no ha sido demasiado importante.
Lo que verdaderamente me ha sorprendido es la despedida de mi compañero. Todos esos seres inconexos reunidos alrededor de una mesa buscando un punto en común. Ha sido interesante ver las reacciones del pobre muchacho que se despedía y las muestras de cariño de todos los demás. Realmente parecía que querían al chico, aunque yo no llegaba a entender el motivo de todo aquello.
Acabada la comida he huido de forma precipitada, como siempre, porque no soporto la compañía de esta gente, sobre todo cuando todos se juntan para demostrar lo patético de nuestro estado. Me deprime plenamente encontrarme con este complejo espejo de tristeza y soledad compartida.
Tengo miedo de llegar a parecerme a todos estos pobres seres. Me da pánico. Lo absurdo de levantarse todas las mañanas para vegetar trabajando en un lugar donde nuestra vida no tiene la menor importancia me genera repugnancia. Si no fuera por mi poder sobre la vida y la muerte de todo este ganado me moriría.
He cogido el coche y me he dirigido a mi casa. Cuando entraba en el piso me ha sorprendido que no estuviera cerrada completamente. Luego me ha preocupado oír la televisión, me he dirigido rápidamente al salón donde estaba Margalida vestida con una bata. Inmediatamente se levantó y me abrazó con ternura y alegría. Resulta que sus padres se han ido de viaje y han dejado que se quedara el fin de semana en casa de una amiga que, por supuesto, era mi casa.
Por primera vez en mi vida había tenido verdadera suerte. Pasamos toda la tarde abrazados, simplemente abrazados, viendo películas en ONO. Sentía su cuerpo desnudo y mi excitación rompía mi concentración, pero resultaba especialmente relajante poder acariciar su cuerpo desnudo y descubrir la variedad de formas con las que ese mismo cuerpo reaccionaba.
A la hora de la cena hemos encargado comida japonesa y hemos bebido un magnífico vino blanco, el “Viña Esmeralda” de Torres. Después hemos hecho el amor en el sillón y nos hemos quedado hasta tarde disfrutando de la posibilidad de trasnochar.
A partir de las doce hemos puesto el Canal 18 y hemos visto películas clasificadas X. Mientras ella me acariciaba el pene haciendo que creciera bajo los efectos de sus hermosas manos. Al tener el pene en el estado que ella deseaba se dedico a “devorarlo” hasta que mi esperma salía expulsado con virulencia en su húmeda boca, donde se perdía por su profunda garganta.
Acabada mi energía nos acostamos, pero ella no estaba dispuesta a terminar la noche de esta forma. Me volvió a estimular bucalmente hasta alcanzar las dimensiones deseadas para, con enorme maestría colocarse sobre el mismo e introducirlo en su tórrida vagina y obligarme a llenarla de nuevo. Después se quedó sobre mí hasta que nos dormimos, dejando dentro de ella mi disminuido y agotado pene.

Libro de la Ley I.3 (A. Crowley).

41.- La palabra del Pecado es Limitación. ¡Oh, hombre! iNo repudies a tu esposa, aunque ella quiera! ¡Oh amante, si te marchitas, vete! No existe vínculo que pueda unir lo dividido que no sea el amor: el resto es maldición. jMalditos! iMalditos sean los eones! Infierno.
42. Sea dicho estado de la muchedumbre confinado y detestable. De modo que tú, tú no tengas más derecho que hacer tu voluntad.
43. Hazla, y nadie dirá nada.
44. Pues la voluntad pura, henchida de propósito y libre de la lujuria del resultado, es a todas luces perfecta.
45. Lo Perfecto yel Perfecto son un solo Perfecto y no dos; ino, no son nada!
46. La Nada es una clave secreta de la Ley. Los judíos la llaman sesenta y uno; yo la llamo ocho, ochenta y cuatrocientos die- ciocho.
47. Puesto que tienen la mitad, une la tuya para que todo desaparezca.
48. Mi profeta es un necio con su uno, uno, uno; ¿acaso no son el Buey y la nada, según el Libro?
49. Se anulan todos los rituales, todas las ordalías, todas las palabras y marcas. Ra-Hoor-Khuit se ha sentado en el Este, en el Equinoccio de los Dioses; sea Asar con Isa, pues son uno. Mas no sean en mí. Sea Asar el adorador e Isa el doliente, pues Hoor es -en su esplendor y secreto nombre- el Señor iniciado.
50. Resta algo que decir acerca de la labor del Hierofante. Es esto. Hay tres ordalías en una y puede darse de tres modos. Lo tosco debe atravesar el fuego; lo puro debe purificarse en el intelecto, y las cosas sublimes y elegidas en lo sumo. y así estrella tras estrella, sistema tras sistema, inadie conoce bien al otro!
51. Cuatro son las puertas del único palacio; el suelo del palacio es de plata y oro, también lapislázuli, jaspe y extraordinarias fragancias: el jazmín, la rosa y los emblemas de la muerte. Éntrese por una o las cuatro puertas, permanezca de pie sobre el suelo del palacio. ¿Acaso no sucumbirá? Amn. iOh, guerrero! ¿ y si tu servidor sucumbe? Hay formas y formas. jMostraos agradables, ataviados con bellos ropajes, comed buenos manjares y bebed vinos dulces y vinos espumosos! Asimismo conducid vuestro deseo y voluntad de amor como queráis, icuando, donde y con quien queráis! Mas siempre hacia mí.
52. Si no lo hacéis correctamente, si confundís las marcas del espacio y decís: Son uno o Son muchos; si el ritual no siempre es hacia mí, iaguardad los terribles juicios de Ra-Hoor- Khuit!
53. Todo esto regenerará el mundo, el pequefio mundo, mi hermana, mi corazón y mi lengua, a quien envío este beso. También, oh escriba y profeta, aunque desciendas de príncipes, ello no te aliviará ni te absolverá. Sean el éxtasis y el deleite terrenal tuyos: iSiempre hacia mí! ¡Hacia mí!
54. No cambies siquiera el estilo de una sola letra, pues tú, oh profeta, no debes contemplar todos los misterios encerrados en ella.
55. El nifio que lleváis dentro, él los contemplará.
56. No esperéis que venga de Oriente, tampoco de Occidente, pues dicho nifio no procede de morada conocida alguna. ¡Aum! Todas las palabras son sagradas y todos los profetas verdaderos, excepto únicamente aquellos que poco entienden; resolved la primera mitad de la ecuación y dejad la segunda sin abordar. Todo lo tenéis bajo la luz clara, pero algo -no todo- en la oscuridad.
57. iInvocadme bajo las estrellas! El Amor es la Ley, Amor bajo Voluntad. No permitáis que los idiotas confundan el amor, pues hay amor y amor. De un lado está la paloma y de otro la serpiente. iElegid bien! Mi profeta ha elegido, según la ley de la ciudadela y el misterio supremo de la Morada de Dios.
58. Ofrezco inimaginables deleites en la tierra: certidumbre y no fe, si bien la vida sobre la muerte, paz inefable, descanso éxtasis. y no pido cosa alguna como sacrificio.
59. Mi incienso procede de maderas y cauchos resinosos; no hay sangre en él, pues de mi cabello nacen los árboles de la Eternidad.
60. Mi número es 11, como todos aquellos números que os pertenecen. La Estrella de Cinco Puntas, con un Círculo en el Centro, un círculo rojo. Mi color es el negro para los ciegos; el azul y oro para quienes ven. Traigo una gloria secreta para aquellos que me aman.
61. Pues amarme es la mejor de todas las cosas: si bajo la noche estrellada del desierto quemáis mi incienso ante mí, invocándome con pureza de corazón y la llama de la serpiente cerca, vendréis un poco a reposar en mi seno. Tendréis deseo de darlo todo por un beso, pero aquel que se desprenda incluso de lo más insignificante lo perderá todo en ese momento. Cosecharéis bienes y abundancia de mujeres yespecias, luciréis ricas joyas, excederéis en esplendor y orgullo a todas las naciones de la tierra y de esta forma os acercaréis a mi deleite. Os exhorto fervorosamente a que comparezcáis ante mí con una túnica y cubiertos con lujoso tocado. íOs amo! ¡Os anhelo! Apagada o púrpura, velada o voluptuosa, soy todo placer, púrpura, ebriedad en el más profundo sentido, y os deseo. ¡Poneos las alas, y despertad el esplendor que tenéis ovillado! iVenid a mí!
62. En todos nuestros encuentros la sacerdotisa dirá -mientras sus ojos brillan de deseo y permanece desnuda y gozosa en mi templo secreto- ¡A mí! ¡A iní!, inflamando la llama de los corazones de todos con su canto amebeo.
63. iCantad para mí la arrebatadora canción de amor! ¡Quemad los peroyas por mí! ¡perfumes en mi honor! ¡Llevad joyas por mí! ¡Embriagaos por mí, pues os amo! ¡os amo!.
64. Soy la hija, de párparos azules, del Poniente; soy la desnuda brillantez del voluptuoso cielo nocturno.
65. ¡A mí! ¡A mí!..
66. La Revelación de Nuit llega a su término.

¿Existió Jesús? I.

Si, como parece surgir de lo anterior, no existe Dios, obviamente, resulta imposible la exitencia de Jesús, pero, a fectos puramente dialécticos, vamos a partir de la base de la existencia de Dios.

ARIAS[1] considera que podría parecer una broma de mal gusto el solo hecho de plantear la duda sobre la existencia de un personaje como Jesús de Nazaret que ha condicionado la historia del mundo. Y, en efecto, durante casi dieciocho siglos nadie se planteó la duda, ya que los cuatro Evangelios, considerados por la Iglesia Católica como inspirados, eran vistos como otras tantas biografías históricas de Jesús. Los primeros interrogantes surgieron, sin embargo, cuando el historiador francés Voney en 1791 empezó a manifestar serias dudas sobre la realidad histórica del profeta de Galilea. Le siguió unos años después, en 1794, otro historiador, también francés, Dupuis, quien igualmente puso en tela de juicio la existencia de Jesús. Pero cuando el tema empezó a preocupar a la Iglesia - que funda su fe precisamente en la persona real, de carne y hueso, de Jesús de Nazaret y no en un mito o en superhombre o en una idea abstracta - fue a partir del siglo XVIII con la nueva ola filosófica de la Ilustración que trajo consigo la famosa crítica histórica. No existiendo prácticamente documentos de los tiempos de Jesús que acreditasen, ni por parte judía ni por parte romana, la existencia del personaje, la Iglesia fundaba toda su credibilidad en el carácter histórico de los cuatro evangelios y de los otros escritos neotestamentarios del llamado Nuevo Testamento[2]. Por ello, cuando llega el vendaval de la revisión del concepto de histórico del que no se salvan ni las Sagradas Escrituras, el rey se queda desnudo. Si los evangelios y demás documentos de parte cristiana no pueden ser considerados históricos, sino simplemente literarios, y si no pretendían presentar la figura histórica de Jesús, sino al Jesús tal como era visto por las primeras comunidades cristianas, la Iglesia se quedaba prácticamente sin argumentos científicos para probar que Jesús había existido, había sido crucificado y había resudtado según narraban los evangelistas. El terremoto de la crítica histórica removió los fundamentos de los mismos especialistas bíblicos católicos y protestantes que se dan cuenta de que, en efecto, una cosa es un documento histórico y otra un documento literario que revela más que nada la fe religiosa de una comunidad. De allí fue fácil para algunos considerar que Jesús no había sido más que un mito, creado por una secta disidente del judaísmo ortodoxo que necesitaba afirmar que el Mesías había llegado ya, inventándose así la figura del profeta y rabino Jesús. Otros pensaron que lo que aconteció fue que se concibió un Dios mítico y más tarde se personificó dicha idea en un personaje que sólo había existido en la ficción y no en la realidad.  

 

BLASCHKE[3] considera que, ante el estudio de la vida, hechos y palabras de Jesús, lo primero que debemos planteamos es si verdaderamente el personaje que vamos a abordar existió. Indudablemente plantearse esta hipótesis puede parecer para un cristiano una herejía, pero no estaríamos realizando un estudio riguroso sino partiésemos de esta base. La realidad es que la existencia de Jesús está llena de enigmas que no colaboran a la hora de afirmar rotundamente que existió. Su existencia no se puede demostrar arqueológicamente ya que sus restos no han sido hallados, su nacimiento está lleno de misterios[4], su vida durante la juventud conforma toda una serie de páginas en blanco, no hay una descripción fisica de su fisonomía, no dejó nada escrito de su puño y letra, y los cuatro evangelistas que describen sus hechos a lo largo del Nuevo Testamento[5] nunca llegaron a conocerlo en persona. Por otra parte al margen del Nuevo Testamento y los evangelios gnósticos, sólo Flavius lo menciona dos veces en sus escritos efectuados en el año 80 d. C. También lo menciona el historiador latino Suetoneo, al relatar la expulsión de los judíos de Roma por el emperador Claudio (49-50 d. C.), e indirectamente Tácito y Plinio[6]. Los tres historiadores latinos mencionan a un hombre llamado «Cristo»[7], «cristus» y «Crestus», pero nunca lo relacionan con Jesús. Suetoneo, en La vida de los doce Césares, hace referencia a un edicto de Claudio donde se habla de la agitación entre los judíos impulsada por Crestos (impulsore Cresto). Tácito en sus Annales destaca como Nerón hace referencia a los «cristianos», nombre adquirido por un grupo de hombres a raíz de un mártir suyo llamado «Cristus» que fue muerto por el procurador Poncio Pilatos. Finalmente, Plinio el Joven, refiriéndose a las misiones de Trajano, destaca como éste no presidió ningún proceso a los «cristianos», ya que ignoraba de que se les acusaba, y destaca que estos «cristianos» cantaban himnos a Cristus como si fuera un dios ( Cristus quasi Deo). Sin embargo, no encontramos ninguna referencia entre contemporáneos como Séneca que murió en el año 66; Petronio o Lucano, que murieron en el año 65; Plinio el Viejo, que murió en el año 79; Filón de Alejandría muerto en el año 54; y otros como Plutarco o Quintiliano. Se hace incongruente que los romanos de la época de Jesús no escribieran nada sobre su existencia, sobre el juicio al que fue sometido y sobre su crucifixión.


[1] J. ARIAS, Jesús, ese gran desconocido, Madrid 2007, pág. 19 – 20. 

[2] Cfr., P. RODRIGUEZ, Mentiras fundamentales de la Iglesia católica, Sabadell 2000, pág. 73 ss. 

[3] J. BLASCHKE, Jesucristo o la historia falsificada, Barcelona 2005, pág. 23 – 24. 

[4] Ver, L. ANTEQUERA, El cristianismo desvelado, Madrid 2007, pág. 126 ss. 

[5] Cfr., P. RODRIGUEZ, Mentiras fundamentales de la Iglesia católica, Sabadell 2000, pág. 73 ss. 

[6] Si bien todas estas referencias deben ser tomadas con mucho cuidado, como luego veremos. 

[7] Ver, F. BLASI BIRBE, Los nombres de Cristo en la Biblia, Navarra. 

¿Y sí Dios está muerto? II.4.

Esta vez el cliente era diferente, era un cliente repetidor, uno de esos clientes fijos que toda prostituta que sabe su oficio tiene. Esos clientes eran los que mantenían en los momentos difíciles a las mujeres, los que suponían una inyección de liquidez cuando las cosas se ponían difíciles, y eran los que hacían de una buena noche una noche increíble.
Ella le sonrió con cariño, no era uno de esos clientes a los que había que aceptar por obligación sino que se hacía querer, sobre todo porque se comportaba con ella de una forma impecable. Lógicamente no demostraba ningún sentimiento, lo cual podría haber sido un engorro, sino que actuaba con una frialdad cordial, una frialdad típica de un hombre acostumbrado a negociar, a comprar y vender, no importa el qué.
Era un hombre mayor, Marisa calculaba que tenía unos sesenta y ocho años, aunque él se bajaba algo la edad y pretendía tener sesenta y tres, en una actitud curiosa viniendo de un hombre, no obstante ella comprendía que su cliente necesitaba sentirse más joven, necesitaba sentir en su cuerpo una juventud que había perdido hacía demasiado tiempo.
Con el tiempo Marisa había cogido cariño a ese cliente en especial, y eso que sólo llevaba cuatro meses trabajando en aquel nuevo Club, porque casi desde su primer día había sido uno de sus apoyos más fuertes en su nueva situación, un apoyo muy cercano a lo que había supuesto Carlos desde que lo conoció, si bien de una forma algo diferente.
Él no buscaba el sexo por el sexo, al menos no de una forma en que lo buscaban la enorme mayoría de sus clientes, él buscaba una conversación con una mujer, y esa conversación la pagaba, el sexo, si se producía o no, era algo que no tenía la mayor importancia, se había convertido en una cuestión secundaria, más impulsada por Marisa, que sentía en su interior que si no lo hacía estaba estafando a aquel hombre, que por el cliente mismo.
A través de la conversación conoció esa vida común de un hombre común. Contempló a través de los ojos del protagonista una vida de funcionario abnegado, funcionario que se entregaba a un mundo cerrado de una oficina casi desde la juventud y que no había salido de ese mundo hasta que entró en el mundo de la prostitución cuando murió su mujer.
Hasta ese momento fue el hombre modelo, del trabajo a casa, de casa al trabajo, siempre haciendo lo que se debía, si su esposa decidía que era hora de pintar la casa, pues la pintaba, si lo que deseaba era que hicieran una excursión, entonces preparaba todo para que ella fuera feliz. En el fondo había centrado su vida en la felicidad de ella, sin pensar en sí mismo, sin tener en cuenta lo que él pudiera tener en su interior.
Se olvidó por completo de lo que era ser feliz, quizá porque nunca pretendió serlo, quizá porque había aprendido desde muy pequeño que lo único importante era vegetar sin buscar demasiados problemas, demasiadas complicaciones, sólo buscar un pequeño pasillo donde disfrutar de algo de silencio, ese silencio que tanto le molestaba ahora.
Cuando su mujer murió comprendió que no la amaba, que nunca la había amado, que se había atado a ella porque la sociedad le exigía tener una pareja, que había vivido toda su vida una gran mentira, una de esas mentiras inexplicablemente complejas que pueblan las simples vidas de los que no buscan otra cosa que subsistir. Mucha gente, demasiada gente es así, acaba convirtiendo su existencia en un estrafalario cuadro donde el deseo ha muerto desde un principio.
Al ver que todo lo que había hecho no había servido de nada, que nunca quedaría nada de lo que él podría haber sido para un futuro, que su muerte sería el final de una historia tan triste que no merecía la pena ser contada, entonces cayó en una fuerte depresión, en una depresión tremendamente destructiva, una depresión que le llevaba a la muerte sin remedio.
Todos achacaron esa actitud a la reciente pérdida de su mujer y se volcaron para sacarle de su enfermedad, por eso acabó visitando a médicos que actuaron de la única forma que sabían, atiborrándole de medicamentos, de esos medicamentos profundamente alienantes que los psiquiatras suelen usar para sacar a los enfermos de la depresión, medicamentos que sólo servían para atontar, para obligar al paciente a dejar de pensar, pero que no llegaban al fondo del problema.
Nunca, nadie, ni tan siquiera los profesionales, se plantearon la verdadera cuestión, nadie pensó que el origen de todo su dolor podría estar en lo que su propia vida significaba, en lo poco que valía una vida en la que se había invertido el tiempo en buscar la nada sin comprender que la nada es el dolor absoluto, la inexistencia.
Así pasó una gran parte de su vida, demasiado tiempo perdido, hasta que decidió curarse a sí mismo, convencer a los médicos que ya estaba curado, y entonces, cuando ninguna droga le nublaba el alma y el cuerpo, entonces decidir sobre lo que debía hacer.
Alcanzado el control de su vida, olvidados los eternos momentos de terror, entonces decidió acabar con su vida, y lo decidió hacer a través del instrumento que sus propios médicos le habían proporcionado, a través de esas drogas que le recetaban para sacarle del dolor, que había acumulado convenientemente de tal forma que podría llegar a un final placentero sin tener que esforzarse demasiado y sin que nadie le molestara, no en vano en esos momentos vivía sólo.
Con esa decisión tomada pensó algo más, pensó que nunca había hecho el amor con otra mujer que no fuera la suya, que nunca se había acostado con nadie mas que con ella, y que no había tenido relaciones nunca con una prostituta, por ello entró en contacto con uno de esos compañeros suyos que tenían fama de “putero”, una de esas personas que estaban encantadas de poder ayudar a ese compañero que había perdido la alegría de vivir, sobre todo porque así ganaba puntos en su especial carrera por considerarse una buena persona.
Así fue como conoció a Marisa-Vanesa, y el primer encuentro le decidió a seguir viviendo, a intentar, otra vez, ser una persona con ilusión, y sólo porque encontró tantas cosas que creía imposibles en aquel cuerpo joven y amable, vivió en esos instantes tal cantidad y calidad de placeres que no pudo dejar de buscarlos de nuevo, siempre de nuevo, siempre adelante.
Por supuesto que sabía que aquella relación no sería eterna, sabía que ella acabaría volviendo a su país o huyendo a otro prostíbulo. Ni por un momento intentó ser otra cosa que un cliente, pero comprendía que si había encontrado a una mujer como aquella podría encontrar otra.
Así fue como Marisa salvó la vida de una persona sin saberlo, sin intentarlo, sin quererlo.
Aquella noche no sucedieron cosas demasiado especiales, todo común, todo como siempre, ella se sentía estafadora por no darle al hombre algo de lo que los demás tomaban en abundancia, él se sentía feliz de poder compartir sus problemas con una mujer como ella al menos durante una hora.

Libro de la Ley I.2. A. Crowley

21. Nada soy para Dios y el Adorador: no me veo. Es corno ieran en la tierra; yo estoy en el cielo, y allí no hay más Dios que yo y mi señor Hadit.
22. Asi pues, para vosotros rol nombre es Nuit, y para él un nombre secreto que le daré cuando al fin me conozca. Puesto que elspaclo Infinito y sus Infinitas Estrellas, haced vosotros lo mismo. ¡Sin ataduras! No haya diferencia para vosonos entre una cosa yotra, pues de ahí procede el dolor.
23. Quienquiera que se valga de ello, ¡sea jefe de todo!
24. Sey Nuit, y mi palabra es seis y cincuenta.
25. Dividid, sumad, multiplicad, y entenderéis.
26. Y entonces el profeta y esclavo de la más bella dijo: ¿Quién soy, y cuál será la marca? Y ella le respondió, inclinándose, no más que una ondulante llama azul, todo tacto, toda penetrante, sus hermosas manos sobre la tierra oscura, su menudo cuerpo corvo por el amor y sus ligeros pies que no hieren las florecillas: ¡Tú, el más sabio! La marca será mi éxtasis, el sentido perenne de la existencia, la omnipresencia de mi cuerpo.
27. Entonces respondió el sacerdote y le dijo a la Reina del Espacio, mientras besaba sus hermosas cejas y el rodo de su luz bañaba todo su cuerpo con el dulce perfume del sudor: ¡Oh Nuit, la más perenne del Cielo, sea así para siempre, y que los hombres no hablen de ti como Única sino como Ninguna; no consientas que hablen de ti, porque tú eres perenne!
28. Ninguna respiró la luz, débil y encantada, de las estrellas, y dos.
29. Pues estoy dividida a causa del amor, debido a la ventura de la unión.
30. Ésta es la creación del mundo, donde el tormento de la división nada es, y el deleite de la disolución lo es todo.
31. ¡Porque estos necios y sus lamentos no deben preocuparas en absoluto!; lo que es frágiles deleites lo equilibran; y vosotros sois mis elegidos.
32. ¡Obedeced a mi profeta! ¡Seguid las ordalías de mi saber! ¡Escrutadme únicamente a mí! Y así los deleites de mi amor os redimirán de todo tormento. Sea así: lo juro por la cripta e mi cuerpo, por mi sagrado corazón y mt lengua, por todo Io que pueda ofrecer y por todo lo que deseo de todos vosotros!
33. Tras esto el sacerdote cayó en profundo trance o desmayo y dijo a la Reina del Cielo: ¡Escribe para nosotros tus ordalías, escribe para nosotros los rituales, escribe la ley para nosotros!
34. Pero ella dijo: no escribo las ordalías, de los rituales será conoclda una mitad y callada la otra; la Leyes para todos.
35. Lo que escribes es el libro tripartito de la Ley.
36. Mi escriba Ankh-af-na-Khonsu, sacerdote de los príncipes, no ha de cambiar una sola letra de este libro, aunque por temor al disparate lo glosará al instante según la sabiduría de Ra-Hoor-khuit.
37. También aprenderá y enseñará los rnantras y hechizos, el obeah y el wanga, la función de los bastos y la función de la espada.
38. Debe enseñar, pero debe hacer severas las ordalías.
39. La palabra de la Ley es (Télema).
40. No errará quien nos llame telernitas, si penetra con profundidad en la palabra. Pues en ella se dan Tres Grados: el Ermitaño, el Amante y el hombre de la Tierra. Haz lo que quieras debe ser la única Ley.

Una Luz distinta 24.

14-2-02 Jueves.
Hoy es el día de los enamorados. Este extraño y comercial acontecimiento no tendría importancia si no fuera porque quiero dar un paso más en la conquista de Margalida. Obviamente ella es diferente a las otras mujeres que he podido conocer, pero soy plenamente consciente que ella, como la inmensa mayoría, se sienten especiales si reciben regalos en fechas señaladas.
Me he cargado de paciencia y me he decidido por visitar el “Corte Ingles” de Jaime III, donde he encontrado un juego de pendientes colgante y anillo cuyo valor excedía de 3.000 €. No he podido resistirme y se lo he comprado.
La espera me ha resultado engorrosa, eterna. El tiempo transcurría demasiado despacio, pero uno debe ser paciente, comprender que todo se debe desarrollar según su naturaleza, sin cargar las tintas ni precipitare.
Al fin ha llegado, tan radiante, tan sonriente, con una cara especialmente alegre, una cara que se ha puesto colorada al ver el hermoso regalo que le he hecho. Rápidamente se ha ido al cuarto de baño para ver como le quedaba todo el conjunto. Yo he dejado que se regocijara en su nueva posesión, consciente del impacto de todo aquello en su mente.
Al rato ella me ha dicho desde la puerta del salón, asomando la cabeza, que también tenía un regalo para mí. Me ha pedido que fuera a mi habitación, que lo había dejado allí, y ha salido corriendo acompañada de su risa divertida y feliz.
Me he levantado del sillón y he recorrido el largo pasillo que lleva al otro extremo de la casa, hasta mi habitación, donde me he encontrado con el regalo más hermoso que se puede ofrecer a un hombre. Margalida estaba completamente desnuda, tumbada en mi cama, solamente adornada por mi regalo. Me he acercado lentamente contemplado con extremo placer tan hermoso y joven cuerpo, disfrutando de cada curva y cada recta.
Muy lentamente me he desnudado mientras ella mudaba el color de su cara al ver mi cuerpo, por primera vez, sin ningún tapujo. Mi pene estaba completamente erecto, pidiendo desesperadamente cumplir su función en tan bello recipiente, pero he sabido controlarme.
Con cariño, sin prisa, me he puesto a besarle la boca mientras mis manos disfrutaban de la suavidad de sus pequeños pechos. Durante minutos de eterno gozo he retrasado mi primer acercamiento a su sexo, pero el tiempo había llegado.
Suavemente he bajado mi mano por su vientre y me he desviado a sus muslos sintiendo como se estremecía ante un movimiento como aquél. Con tranquilidad he separado sus piernas y he acariciado su pubis bajando la mano hacia su cálido sexo. Me he concentrado con fruición en acariciar su clítoris mientras notaba el calor que emanaba de todo su cuerpo y, en especial, de su vagina, que empezaba a humedecerse.
Durante agónicos minutos he desfrutado viendo como ella perdía el control de su cuerpo y sus piernas se ponían a temblar sin control. En esos instantes he dejado sus labios para contemplar su cara, una cara que me ha enamorado todavía más.
Después me he dedicado a besar todo su cuerpo, comenzando por su cuello, mientras mis dedos seguían estimulando su clítoris. Luego he ido bajando a su pecho, todavía incipiente, su vientre, para acabar besando con ansia su sexo, disfrutando del húmedo sabor. He sentido sus manos tirar hacia arriba, casi suplicantes, completamente abierta y preparada. Mientras subía y me acercaba a culminar mi misión, mi corazón casi se para de puro placer.
Acerqué mi pene a su vagina retrasando mi entrada mientras notaba su pequeño y tembloroso cuerpo deseando seguir. Al final he empujado sintiendo la resistencia de su himen, que no he podido forzar en el primer intento, pues no quería ser demasiado brusco. No obstante he sentido el dolor de mi primer empuje y he sufrido yo mismo un padecimiento imposible.
Mi segundo intento ha sido definitivo. Una vez dentro el rictus de dolor de Margalida ha desaparecido inmediatamente. Enseguida nos hemos acoplado perfectamente, como si fuéramos perfectos amantes acostumbrados a proporcionarnos infinito placer.
He tenido que pensar en otra cosa en tres ocasiones porque el placer era tan tremendo que he estado a punto de eyacular. Afortunadamente su orgasmo fue lo suficientemente expresivo como para indicarme que había llegado a él y poder acabar en su interior derramando mi esperma en el interior de tan bello cuerpo.
Luego hemos pasado un tiempo abrazados, mi cuerpo sobre el suyo, mi pene en su vagina, disfrutando del placer de la completa unión, compartiendo nuestros labios. Al final me he separado, con verdadera tristeza, sacando mi pene de su calidez.
Ella se ha reclinado sobre mi hombro y hemos disfrutado de nuestro mutuo calor sin palabras, mezclando nuestro amor infinito sin necesidad de rompe la magia con absurdos comentarios, todo era demasiado hermoso. En un momento ella ha bajado la mano y ha cogido mi pene, sopesándolo, intentando comprenderlo. De una forma intuitiva ha bajado la cabeza y me ha besado el prepucio generando una intensa reacción. Mi sangre ha perdido el norte y ha huido a mi pene haciéndole crecer.
Ella se ha sentido orgullosa de tan hermoso logro y ha introducido el pene en su boca estimulándolo con verdadera maestría con su lengua. Tan cálido receptáculo ha sido demasiado para mi maltrecho control y he eyaculado de nuevo en su boca.
Margalida, en vez de quitarse, ha permanecido con mi pene en su boca y se ha tragado todo mi esperma, algo que por si solo me ha hecho mantener la erección, lo que ha aprovechado para seguir estimulándome hasta llevarme a un nuevo orgasmo, del que también se ha quedado los frutos.
Yo no podía más, con suave firmeza me he visto obligado a alejar su boca de mi pene. En esos momentos me ha besado de forma radical. Al final hemos reposado una hora antes de tener que separar nuestros cuerpos, momento que he aprovechado para darle una copia de mis llaves de casa. Como no se podía llevar su regalo lo hemos guardado en un cajón de la cómoda y nos hemos despedido con besos apasionados.
Estaba completamente sorprendido de la reacción de mi amada. He encendido la televisión pero no he podido concentrarme en la programación. Al final la he apagado y me ido a la cama, donde me he masturbado tres veces pensando en Margarita.

¿Existe Dios? III.

Los epicúreos arguyen simplemente que, puesto que el mundo está lleno de maldad, Dios tiene que ser malo o impotente o ambas cosas. Un Dios omnipotente, omnisciente e infinitamente bueno, suponiendo que un ser así sea concebible lógicamente, hubiera sido capaz de crear un mundo sin maldad y hubiera querido hacerlo. Quizá fuera Leibniz el que desarrolló con mayor claridad los argumentos contrarios. Leibniz, en su Teodicea y en muchos otros escritos, abordó, una y otra vez, el espinoso tema. Sus argumentos proceden desde Dios a las criaturas y no en la otra dirección y se reducen a esto: Puesto que Dios es infinitamente sabio, bueno y poderoso, tiene que haber creado el mejor de los mundos posibles, es decir, un mundo en el que la cantidad global de bien supere a la masa del mal en la máxima proporción posible. De modo que es seguro de antemano, y ello se incluye en el concepto mismo del Ser perfecto, que vivimos en el mejor mundo que puede concebirse lógicamente. Un escéptico que arguyera que no se necesita vivir en este mundo más que un día o dos para adquirir dudas considerables de que sea el mejor universo imaginable, no puede hacer vacilar la confianza de Leibniz. El no niega la existencia del mal, sólo tiene la certidumbre de que cualquier otro mundo posible sería peor que éste. Leibniz parecía ser de la opinión de que la suya era una teoría bastante optimista. El argumento de Leibniz es que algunos conjuntos de cosas y de cualidades son compatibles entre sí y otras no, y que ésta es una incompatibilidad lógica. Dicho de otro modo, cualquier mundo posible se presenta como un lote y Dios tuvo que hallar la combinación de cualidades lógicamente posibles que resultara en el máximo bien. En lugar de sujetos humanos libres, Dios podía haber creado unos seres incapaces de pecar, pero sólo al precio de privarles de su libre voluntad, que incluye, inevitablemente, la posibilidad de pecar y los actos pecaminosos de hecho. y Dios calculó que un mundo habitado por autómatas sin pecado produciría mucho menos bien que uno que contuviera seres humanos dotados de libertad de elección y que, por lo tanto, pudieran preferir con frecuencia el mal. Dios tuvo que resolver, por así decirlo, una ecuación diferencial bastante complicada (en realidad, una ecuación infinita) para calcular en cuál de todos los mundos posibles la cantidad de mal sería mínima comparada con la cantidad de bien; y ése es el mundo en que vivimos[1].

Que Dios haya tenido que escoger entre mundos posibles, ninguno de los cuales era absolutamente perfecto (en el sentido de que estuviera absolutamente libre de mal y de sufrimiento), no implica que Dios tenga limitaciones. Dios no puede hacer lo que es lógicamente imposible, pero este hecho no pone límites a su omnipotencia. No puede hacer ni inventar absurdos; no puede hallar un número que exprese exactamente la raíz cuadrada de 2, porque eso es una imposibilidad entrañada por la propia naturaleza de los objetos matemáticos. No hubiera podido crear un mundo en el que el bien resultante de la libertad de elección de las personas estuviera unido a la incapacidad de éstas de hacer el mal, puesto que ese mundo es lógicamente tan imposible como un triángulo cuadrado. Algunos teólogos y filósofos no estaban tan convencidos como Leibniz y Tomás de Aquino de que concebir a Dios como incapaz de hacer lo que es lógicamente imposible no fuera imponerle limitaciones. Algunos nominalistas posteriores arguyeron que no sólo las leyes fisicas, sino también las matemáticas y éticas habían sido establecidas por Dios mediante decisiones libres cuyas razones nos son desconocidas y que esas decisiones pudieran haber sido diferentes de lo que fueron; la omnipotencia, pensaban, no es «omnipotencia en cierto grado», ya que ese concepto es, de hecho, absurdo. Dios decretó sencillamente que dos afirmaciones contradictorias no podían ser ciertas las dos y que dos y dos eran cuatro y que la fornicación era mala. Pero podía haber decidido decretar otra cosa y si lo hubiese hecho, el principio de contradicción, las verdades matemáticas y las normas morales hubieran sido diferentes de lo que son. No podemos imaginarnos un mundo así, naturalmente, pero no podemos afirmar, por la sencilla razón de la pobreza de nuestras mentes, que eso hubiera sido imposible para Dios; no debemos medir el poder de Dios con los patrones de nuestra débil y finita inteligencia. Una vez que aceptamos la aterradora idea de que Dios podría haber revocado, si ése hubiera sido su deseo, las leyes de la lógica y los mandamientos morales tales como los conocemos, podemos, al parecer, descartar todas las cuestiones de teodicea como formuladas equivocadamente podría parecer que lo contrario es lo cierto, que este tipo de «decretismo» (o «positivismo teonómico» como solía llamarse a veces a la teoría que nos ocupa) fortalece el argumento de los que acusan a Dios de ser injusto: dado que nada es imposible para El, El era capaz de crear un mundo que combinase cualidades aparentemente incompatibles y de darnos libertad de elección dentro de un universo sin pecado y sin sufrimiento. De hecho, si todas las reglas de la lógica y la moral fueron establecidas mediante un decreto arbitrario de la voluntad divina y no contienen una verdad intrínseca, no hay razón para creer que Dios está limitado por sus propias reglas. En otras palabras, su bondad y su sabiduría no tienen por qué asemejarse a lo que nosotros consideramos bondad y sabiduría en nuestro mundo tal como Ello construyó. Lo que a nosotros nos parece incompatible puede ser compatible en Su mente; lo que nos parece malo a nosotros puede no tener un sentido reconocible de maldad para El. Estrictamente hablando, la existencia de Dios deja de tener significación en nuestra vida moral e intelectual; El decidió darnos esos decretos y no otros, pero son contingentes en términos de la sabiduría y bondad[2].

Si Dios no puede cambiar las leyes de la física ni la mente humana, si ni siquiera puede matarse a sí mismo, deja de ser todopoderoso, a pesar de los argumentos en contrario de Santo Tomas[3].

Si Dios quiere en efecto enviarnos señales significativas de su dominio, sus acciones parecen contraproducentes, ya que no somos capaces de comprenderlas. ¿Qué sentido tiene hablar a las personas en un lenguaje que no conocen y que nunca podrán aprender? Pero esto es dar por sentada la cuestión. Todo el que cree en la presencia de Dios en el mundo tiene que admitir que empíricamente hablando, su presencia es ambigua. Claramente, no haría falta la fe si el curso de las cosas humanas siguiera directa e inequívocamente las normas de la justicia; esto significaría que estaríamos viviendo en el Paraíso. Adán y Eva no creían en la existencia de Dios del mismo modo en que creen sus descendientes (con excepción de Abraham[4], Moisés y unos pocos místicos); Adán y Eva vivían en una auténtica teocracia, bajo el gobierno directo y visible de Dios. La vida en el exilio tiende a ser ambigua, las señales de Dios no son nunca claras y confiar en El es, inevitablemente, desafiar los límites del conocimiento natural. Consideremos ahora el argumento moral contra la doctrina del pecado original. Este argumento señala que la creencia en un Dios misericordioso y amoroso es absolutamente incongruente con su conducta aparentemente extraña, caprichosa y vengativa, tal como se revela en el mito de la caída del hombre, su expulsión del paraíso y su redención. Si este argumento tiene base, entonces habría que preguntar -y ésta es, inevitablemente. la primera pregunta que deben suscitar los anales del Edén[5]- ¿cómo es posible que millones de personas hayan creído una historia que, dándole una explicación racionalista, contraviene de forma evidente todos los principios de la moral y del sentido común que han transmitido los mismos maestros responsables de perpetuar la historia de Adán y Eva? La cuestión de si es justo o no castigar cruelmente al género humano por una falta pequeña cometida por una pareja desconocida en el pasado remoto no es un complejo enigma teológico que sólo puede ser resuelto por lógicos o abogados muy preparados; es un problema fácilmente comprensible para los campesinos analfabetos y uno se pregunta cómo se indujo a la gente a dar crédito a tal absurdo y por qué tuvo que esperar la humanidad a que le abrieran los ojos Helvetius y Holbach para reconocer su propia extraordinaria estupidez[6]

La creencia en Dios y la creencia en la inmortalidad están más íntimamente unidas de lo que su simple yuxtaposición como dos «enunciados» separados pueda sugerir. Parecen poder separarse lógicamente, es decir, uno puede, sin contradecirse a sí mismo, aceptar cualquiera de los dos y rechazar el otro. Los saduceos, según el testimonio de Flavio Josefo, adoraban a Dios y negaban la inmortalidad humana; lo mismo hacía su descendiente espiritual del siglo XVII, el infortunato Uriel da Costa, que escribió un sorprendente tratado sobre la cuestión, parte del cual se ha conservado; y lo mismo hacen algunas personas hoy en día. Y, a la inversa, no hay nada de incoherente en creer en la supervivencia sin creer en Dios. Sin embargo, creer en Dios y aceptar la destrucción última de todo lo demás es hacer a Dios notablemente «inútil», no en los términos de la satisfacción personal, sino en el sentido de que Dios, desde el punto de vista del creyente, es el garante del sentido del mundo. El es el dador de finalidad, y aparte de su relación con las criaturas, no somos capaces de captar su existencia. Los más grandes místicos pueden haber alcanzado el nivel de una actitud puramente «teocéntrica» y adorado a Dios por Dios solo, olvidados por completo de todo lo que no es El; pero esas hazañas tan inusuales del espíritu no pueden constituir nunca las normas de ninguna perspectiva religiosa del mundo socialmente establecida. Por otro lado, creer en la inmortalidad personal sin Dios es dejar en la oscuridad la cuestión del sentido: si no existe Dios y si el cosmos es indiferente a nuestra vida, ¿qué especie de extraña ley natural nos garantizará la bendición de la inmortalidad? ¿Por qué iba a estar el universo construido de tal forma que escuchase nuestros deseos? y así, en ambos lados, las dos nociones parecen psicológica e históricamente vinculadas; el don por excelencia de la religión -el mundo dotado de significado- lleva consigo esos dos componentes interdependientes[7].


[1] L. KOLAKOWSKI, Si Dios no existe…., 5ª edición, Madrid 2007, pág. 20 – 21. 

[2] L. KOLAKOWSKI, Si Dios no existe…., 5ª edición, Madrid 2007, pág. 22 – 23. 

[3] Ver, B. RUSSELL, “Religión”, en Lo mejor de Bertrand Russell, Barcelona 2005, pág. 55. 

[4] Ver, j. R. PORTER,La Biblia. Las Sagradas Escrituras hebreas, los Libros Apócrifos, la llegada de Roma (Palestina en tienpos de Cristo) y el Nuevo Testamento, Barcelona 2007, pág. 36 ss.

[5] Ver, J. BLASCHKE, Las mentiras del cristianismo. Contradicciones y falsedades de la Biblia, Barcelona 2006, pág. 26 ss. 

[6] L. KOLAKOWSKI, Si Dios no existe…., 5ª edición, Madrid 2007, pág. 50 – 51. 

[7] L. KOLAKOWSKI, Si Dios no existe…., 5ª edición, Madrid 2007, pág. 158. 

Funcionarios

La gente cree que los funcionarios no trabajan, que son unos vagos. Lo cierto es que la imagen que se tiene del funcionario es, practicamente, mentira, y si no, ¿cómo se puede pensar tal cosa y luego quejarse de la rapidez con que se actua por parte de la Administración?
Vivimos en el mito del “vuelva usted mañana”, algo que ya no uele suceder, y no vemos que hay colectivos que, cuanto menos, son más problemáticos en el tiempo que los funcionarios (¿nadie ha intentado hacer una reforma en su casa? ¿El camarero siempre nos atiendo de forma diligente cuando no hay nadie en el establecimiento? ¿Alguien no ha estado esperando en una gran superficie a que alguno de los cuatro dependientes dejaran de hablar para combrar un producto?).
La verdad es que existe una mala imagen del funcionario, eso no lo voy a negar, pero lo que no se sabe es lo que le ha supuesto a él conseguir ese puesto, y lo que le han ido haciendo a lo largo de su vida.
El colectivo de los empleados públicos es muy numeroso, 2.554.582 personas, que trabajan para las diferentes administraciones y que está formado por profesionales de distintas ramas: auxiliares, administrativos, técnicos, médicos, personal sanitario, militares, profesores, policías, etc.,etc. Dicho colectivo está siendo víctimas de una pérdida de poder adquisitivo, año tras año, y no hagamos nada al respecto.
Desde el año 1.982 hasta 2.007 hemos perdido el 42,08%, casi la mitad.
En 2007 el I.P.C. ha sido del 4,2% y la subida , otra vez más, del 2%; es decir, otros 2,2 puntos porcentuales de pérdida.
Sí para equilibrar la economía sacamos dinero siempre del mismo sitio, al final la bolsa quedará vacía, entonces el “vuelva usted mañana” acabará siendo real, pero porque no hay nadie que quiera asumir esas funciones.
Yo puedo asegurar que en la administración hay puestos que ni tan siquiera se pueden cubrir, con la deficiencia en el servicio que esto supone.
No olvidemos que los trabajadores públicos son también trabajadores, y que si se les aplica dichas medidas de forma sistemática pueden ser un caldo de cultivo para luego extenderla a toda la población.